ISLA FRIENDSHIP CONEXIÓN OVNI - Libro Completo - páginas 31- 40

22.07.2014 21:32

ISLA FRIENDSHIP CONEXIÓN OVNI - páginas 31- 40

 

31

Cuando navegábamos por el Canal Yelcho, entre las islas Cailín y Laitec, vi como en 
sentido contrario al nuestro se acercaba una patrullera de la Armada. Antes de que nos 
cruzáramos, Alberto hizo sonar la bocina, lo que fue inmediatamente contestado por la 
sirena y las luces de la embarcación de la Marina de Chile. Al pasar, todos 
intercambiamos saludos con las manos. 
Seguimos navegando y como dos horas después la mar se comenzó a picar. Habían 
desaparecido las riberas de los canales y ya no se divisaba tierra firme. Estábamos 
navegando en mar abierto. Sin embargo ahora eran cuatro las tuninas que nos seguían, 
a ambos lados de la embarcación. 
En mi condición yo no estaba como para aventuras, así es que me encerré en el 
camarote. Parece que eso fue peor, pues al poco rato de estar tendido, comencé a 
sentirme mal. 
Como si lo hubiera adivinado, apareció prontamente Rafael, y sonriendo me preguntó: 
<¿Y..., cómo te sientes?> 
 
- Más mal que bien.- le respondí. 
< Lo que pasa es que te estás mareando> dijo, y desde un closet sacó una caja que me 
pasó. 
 
La abrí y dentro había un par de fonos. 
 
me pidió. 
 
Al hacerlo me di cuenta que no eran fonos comunes y corrientes, ya que las partes que 
cubrían las orejas, tenían unas protuberancias de goma que se metían dentro del canal 
auditivo, por lo que me costó un poco ponérmelos. 
, me dijo señalando un pequeño interruptoren un fono. 
 
Lo hice y claro... comencé a escuchar mejor, ya que al ponérmelos me habían tapado 
los oídos. La audición era clara y normal, sin nada especial, aunque al rato comencé a 
notar pequeñas variaciones de volumen en uno u otro oído. Creí que algo andaba mal, 
así es que se lo pregunté a Rafael. 
 
 
y me pidió que lo acompañara al puente. Al pasar miré hacia el camarote de Sigfried y lo 
vi enfrascado en sus maletas y usando un par de fonos iguales a los míos. En el puente 
todo estaba normal, aunque se movía bastante. La tarde ahora era soleada, sin 
embargo el frío y el viento arreciaban en el exterior. Alberto estaba al timón, conversando 
con Ariel. Pronto me distraje con el radar y con otros aparatos de navegación, muchos 
de los cuales yo nunca había visto. Había uno colocado en la esquina delantera 
izquierda del puente. Me llamó la atención porque parecía un pequeño piano de poco 
más de una octava y sobre él una pantalla verde. Le pregunté a Alberto qué era y este 
miró a Ariel, quien pareció asentir con un gesto casi imperceptible. 
¡Ahora vas a ver algo encachao! – dijo Alberto,al mismo tiempo que encendía el 
instrumento. 
 
Comenzó un leve sonido musical y luego se iluminó la pantalla, al centro apareció el 
icono de un barco. A su izquierda y atrás se veían algunos puntos de luz, que se 
 
 

32

 
acercaban y alejaban en parejas de la figura de la nave. Oprimió algunas teclas del 
piano, cambió el zumbido musical y dos puntos pasaron de la izquierda a la derecha de 
la pantalla, por debajo del buque. Luego otras teclas y nuevos movimientos de los puntos 
alrededor del barco. 
¿Qué te parece? – preguntó orgulloso Alberto. 
 
-Genial – le contesté - ¿Pero para qué sirve? 
 
¿No viste? 
 
-Si, los puntitos... 
 
¡No!, aquí no, allá.- dijo Alberto señalando hacia el mar. 
 
Miré a estribor y vi a no más de cuatro metros de la borda las aletas de dos tuninas que 
nos seguían. Dos notas blancas y un medio tono y los dos delfines al unísono, se elevaron 
graciosamente por los aires. Nuevamente el medio tono y nuevo salto de las tuninas. ¡No 
lo podía creer! Tres notas blancas más un acorde, y las tuninas de babor pasaron a proa. 
Medio tono y salto de dos tuninas frente a nosotros. ¡Era inverosímil! 
¿Y cómo escuchan la música? – pregunté. 
 
-¡No hombre! – La música la escuchas tu para aprenderte la orden. 
Lo que ellos escuchan es ultrasonido que proviene de parlantes instalados en la quilla. 
 
¿Y para qué sirve? 
 
-A veces son indispensables.... - dijo Alberto y luego calló, mirando a Ariel. 
 
Se produjo un silencio y luego habló Ariel: 
 
-No te apures, ya tendrás tiempo de ver esto y mucho más.- dijo sonriendo 
 
De repente me di cuenta de algo para mi increíble: no estaba mareado. 
Digo increíble, puesto que el mareo de mar es algo contra lo que he tenido que luchar 
toda mi vida. Simplemente soy de ese tipo de personas que apenas una embarcación 
comienza a zarandearse, yo comienzo a marearme. He tratado todos los remedios 
conocidos y hasta ese momento ninguno había funcionado. 
¡Los fonos eran fantásticos! 
Pocas horas mas tarde comenzó a oscurecer, ya que al final del invierno, en esas 
latitudes, el sol se pone muy temprano. 
Ya oscuro fondeamos en la isla Melinka, donde permanecimos casi una hora. No sé que 
gestiones se realizaron allí, ya que afuera estaba lloviendo y hacía mucho frió, por lo que 
no salí del interior del yate. 
 
 Poco rato después de zarpar, comencé nuevamente a sentirme mal, no del mareo sino 
que de mi dolencia pulmonar, por lo que recibí una nueva porción del elixir de Rafael. No 
sé si ahora le habrían agregado algo más, pero lo único que puedo decir es que esa 
noche dormí como un niño.
 

33

 
Desperté como a las 9 de la mañana, sintiéndome muy bien, me vestí rápidamente y salí
a cubierta.
Afuera la temperatura era baja, pero con muy poco viento. Era un día hermoso y casi
totalmente despejado. El espectáculo era mágnifico, aunque no no habíamos cruzado
con otra embarcación desde el canal Yelcho.
Navegábamos por un ancho fiordo de riberas muy verdes. De vez en cuando nos
metíamos en canales más pequeños, acercándonos y alejándonos de la costa. El mar
estaba absolutamente calmo y de un color azul cobalto.
Al poco rato me llamaron a tomar desayuno, ya que los otros lo habían hecho más
temprano,el que consistía en almejas crudas con limón, pan amasado con mantequilla,
huevos a la copa y el famoso café de cebada que me perseguía durante toda mi
estada en Friendship.
Para bajar al comedor tuve que pasar por el puente donde estaban Alberto y Samuel
discutiendo sobre el petróleo consumido ese mes en el Mytilus ll.
Allí me di cuenta de una cosa: Nunca había visto a los friendship discutiendo entre ellos.
Pensándolo mejor, nunca los había visto hablando entre ellos.
Después del desayuno salí nuevamente a cubierta y me instalé sobre la proa.
¿Qué hacía yo allí, flotando sobre las aguas, tan lejos de mi casa y mis cosas?
Hacía menos de 55 horas, yo me encontraba protegido dentro de mi vieja cama, en mi
parcela de Maipú. ¿Y ahora?
De repente lo recordé: ¡Me iba a morir!
 

Decimoséptima Parte: Llegada

 
Calculo que serían más de las tres de la tarde, puesto que ya habíamos almorzado.
Como es común en esa zona, el tiempo había comenzado a cambiar. Desde el Nor-Weste
se acercaban rápidamente nubes de tormenta, aunque entre ellas aún podía
verse el cielo azul.
 
Ahora todo el paisaje cambiaba de colores, tornando a un café grisáceo. Un viento que
cada vez se hacía más intenso nos azotaba por la proa y grandes y espaciados
goterones, chocaban con fuerza contra el parabrisas.
Navegábamos por un canal relativamente ancho, sin embargo íbamos casi pegados a la
costa de estribor. Alberto me explicó que eso se debía a que estábamos en marea baja y
que por lo tanto el canal ahora tenía muy poca profundidad al centro, no así por la
franja por donde pilotábamos.
 
De repente viramos bruscamente a babor y quedamos al centro del canal. Desde allí se
podía ver como a 5 millas de distancia, una isla. Destacaba sobre el resto del paisaje por
su altura, que era superior al resto. Hacia allá enfilamos.
 
A medida que nos acercábamos noté, con preocupación,como asomaban al frente de
nosotros varios islotes rocosos, de no más de un metro de altura, que antes y de más lejos
yo no había notado. Miré a Alberto, pero este estaba muy ocupado operando un equipo
situado a su izquierda y sobre su cabeza.
 
El equipo tenía una patalla similar a la de un televisor de 12 pulgadas, donde podía verse
el esquema de una carretera terrestre. Alberto manipuló algunos controles, la imagen 
cambió. Aparecieron cifras y signos, las que cambiaron varias veces y apareció la
 

34

 
palabra ―home‖. Finalmente la pantalla se apagó, para prenderse 2 o 3 segundos 
después, mostrando ahora una curva en la carretera, con la típica barrera de seguridad. 
¡Listo! – dijo Alberto, e inmediatamente noté que la embarcación aceleraba 
bruscamente. 
Esto era todo lo contrario de lo que yo había esperado, ya que filudas rocas, apenas 
sobresalientes, aparecían cada 40 o 50 metros. 
El Mytilus II navegaba cada vez a mayor velocidad, sorteando requerios y sin nadie al 
timón. 
Parece que Alberto notó mi cara de preocupación, puesto que riendo me dijo: 
-No te preocupes, todo está controlado. 
Ahora el Mytilus II arriesgadamente iba sorteando los escollos, y vi con inquietud como se 
acercaba de frente a la alta y rocosa costa de la isla. Cuando ya el desastre parecía 
inevitable y a menos de 20 metros de la pared de roca, viró en 90º, pasando a menos de 
un metro de un peñón apenas sobresaliente. Allí nos encontramos a la entrada de un 
fiordo de no más de 20 metros de ancho que se adentraba en la isla. 
Las tuninas, que hasta ahora nos habían seguido fielmente se detuvieron a la entrada. 
El canal era tan angosto, que en su parte superior, como a 15 o más metros de altura, a 
veces la vegetación de ambos lados se juntaba, formando una especie de techo 
natural. 
El motor marchaba a mínima revoluciones, sin embargo nos movíamos con bastante 
rapidez. Seguimos así por unos 300 metros, disminuyendo velocidad, hasta que al fondo 
se vio, bajo el techo de arbustos, una especie de embarcadero de concreto, de no más 
de 10 por 10 metros, que cerraba el fiordo. 
Allí y con el motor en ralentí se detuvo mansamente el Mytilus II. 
Por una precaria escalera de fierro oxidado, trepamos al embarcadero, que quedaba a 
más de dos metros sobre nuestras cabezas. Ahora se escuchaban fuertes truenos y caía 
granizo. 
La superficie del embarcadero era plana, de concreto y sin barandas. Solo al fondo y 
pegada al cerro se veía una vieja caseta despintada y de no más de cinco metros de 
frente, con una puerta grande y de madera. Tras la caseta y conectada a ella, la pared 
del acantilado, de más de 15 metros de altura. 
Todo el lugar se notaba abandonado, o por lo menos así lo parecía. Grandes helechos y 
hojas de nalca crecían adheridas a la construcción. 
Alberto metió una llave en el oxidado candado y abrió la puerta. Adentro estaba frío y 
húmedo, no había más luz que la que se colaba por las rendijas del techo o las paredes. 
Al fondo se veían tres grandes estantes metálicos despintados y semi oxidados. Dos de 
ellos carecían de puerta y el otro la tenía colgando. 
Nos dirigimos al que estaba al medio. Alberto algo hizo, que provocó que se abriera el 
fondo del mueble, el que daba al cerro. Allí había una habitación más oscura aun, a la 
que entramos, no sin antes cerrar muy bien la puerta de comunicación. 
Después de no más de 20 segundos, el lugar comenzó a iluminarse y allí vi que Ariel 
manipulaba un control remoto que tenía en sus manos. No era algo que pareciera un 
control remoto, era un control remoto, marca Sony y bastante usado. La temperatura en 
esta pieza era mucho más agradable que en la anterior. 
Estábamos ya dentro del cerro y no se veía puerta alguna, sin embargo al poco rato una 
gran roca que formaba parte de la pared, comenzó a retroceder dejando un espacio 
como de dos metros a cada lado. Por allí entramos. 
Yo, no me atrevía a abrir la boca. Era demasiado para un solo día.
 

35

 
Esta nueva habitación ya tenía muebles y un computador y en ella se encontraban tres 
personas. Uno era Gabriel, el otro Helga y un tercero a quien yo no conocía. Todos 
vestían buzos blancos y los dos últimos antes de saludarme a mi, abrazaron efusivamente 
a Sigfried. Hablaban emocionadamente en alemán , y vi como a Sigfried se le caían las 
lagrimas. 
De allí, después de saludos abrazos y bienvenidas, se nos guió a Sigfried y a mi, hacia un 
pasillo curvo en diferentes sentidos, lo que terminó por desorientarme absolutamente. 
Llegamos a una especie de vestidor bastante amplio, donde dos varones nos pidieron 
que nos sacáramos toda la ropa, en pequeños cubículos individuales. Todo era blanco, 
con excepción de algunas fornituras de aluminio. Se nos había entregado a cada uno 
una caja, también de aluminio, donde deberíamos dejar nuestra ropa y objetos 
personales. Recuerdo que yo pretendí conservar el reloj, que era un Seiko muy completo 
que había comprado hacía poco y del cual estaba muy orgulloso. 
-No, compadre.- me dijo uno de los encargados sonriendo. 
-Es que tengo que tomar una medicina cada cierto tiempo-le mentí. 
-No se preocupe, aquí tendrá de todo, incluso otro reloj mejor que ese – dijo bromeando. 
Vi que el problema no era solamente mío, ya que el otro encargado tenía serias 
dificultades tratando de que Sigfried le entregara una argolla de matrimonio. 
De allí me llevaron a una especie de shower door de unos 2 por 2 metros de cerámica 
blanca con una puerta hermética de vidrio esmerilado. Se me explicó el procedimiento y 
comenzamos. 
 

Decimoctava. Parte Flash back 

 
Bueno, allí comenzó todo, o mejor dicho allí comencé a olvidar todo. 
Es curioso, pero desde allí en adelante mi memoria comienza a fallar, no de repente, 
como en una amnesia, sino que de a poco. 
Recuerdo que después de un largo baño, pasé a otra habitación donde estuve como 15 
minutos. La temperatura comenzó a subir, lo que me hizo transpirar, luego entró alguien 
con algo así como una manguera de bomberos, que expelía un polvo blanco con olor a 
remedio, con el que me roció. Lógicamente que el polvo blanco se me adhirió al cuerpo 
con la transpiración. 
 
Después, pero sin transición, recuerdo haber estado en una sala donde me ayudaron a 
vestirme con ropa interior nueva. Luego me entregaron un buzo blanco, grueso y de muy 
buena calidad, que entre paréntesis, era la vestimenta que todos allí usaban. 
Finalmente me hicieron entrega de un brazalete de plástico blanco, que entre otras 
funciones era reloj, walky – talky y orientador. 
Así, poco a poco, mis evocaciones se van espaciando, casi hasta llegar al día de la 
partida. 
Lo extraordinario, o mejor dicho increíble, es que eso hasta hace poco, no me 
preocupaba, e incluso lo encontraba natural. 
Cuando volví de Friendship, Uds. se imaginarán como fui acosado por los que se 
quedaron en Santiago. 
¿Cómo es la isla? 
¿Qué te hicieron? 
¿Qué comen? 
¿Dónde vivías? 
 

36

 
¿Cuánto tiempo estuviste? 
Etc, etc, etc. 
Mis respuestas, para mi, eran lógicas, ...no había nada del otro mundo. 
La isla es como todas las islas, ¿Qué me hicieron? No lo recuerdo. Comen lo que todos 
comemos y viven bajo tierra con bastante comodidad. 
Allí comenzaba a narrar la historia del almuerzo. 
Yo avanzaba portando una bandeja de plástico en un casino como todos los casinos. Al 
otro lado del mesón se veían diferentes viandas, entre las cuales yo escogí tres hermosos 
choros zapato, un guiso de carne y legumbres, y un postre de gelatina. 
También contaba la historia de la habitación. 
Vivía en una pequeña pieza de aproximadamente 3 por 3 metros, con una cama, una 
mesita con un terminal de computador y una ventana al exterior. La temperatura era 
constante y de aproximadamente 20º C , lo que para mi era un lujo, después de los fríos 
que estaba acostumbrado a sufrir en Chiloe. Tenía absoluta libertad de movimiento 
dentro de las instalaciones, las que eran cómodas y funcionales. 
Así fui descubriendo detalles que poco a poco me fueron maravillando. Casi todo se 
gobernaba por computación, lo que no era muy común en esos días de 1989, había una 
piscina temperada, tres grandes invernaderos, salones con televisión satelital y otras 
comodidades que yo jamás me hubiera imaginado. Uno se encontraba con mucha 
gente en los pasillos, todo el mundo sonreía y nadie hablaba fuerte. No recuerdo haber 
visto una clínica u hospital. 
Esa era la historia, pero a nadie satisfacía. 
Ya de vuelta en Santiago, mis amigos más cercanos comenzaron a insinuarme que yo 
estaba ocultando información y allí comenzó la leyenda negra sobre mi asociación con 
Friendship. 
Siempre se pensó que yo sería algo así como un agente encubierto y que sabría como 
llegar y como comunicarme con la isla. 
Respecto a mi enfermedad, esta se acabó. ¿Cómo? No lo sabía, pero si sabía que me 
sentía bien, y que ahora nuevamente tenía ganas de vivir. Claro que ahora veía todas las 
cosas desde otro punto de vista. 
Todo parecía distinto, la gente se me antojaba más amable, apreciaba que tenía más 
tiempo para hacer las cosas y sentía a Dios. 
Yo nunca había sido religioso, sin embargo ahora tenía conciencia de Su presencia. No 
se trataba del dios de los católicos, o de los protestantes, o de los judíos, simplemente era 
DIOS, un concepto nuevo y más cercano de nuestro creador. 
Me acostumbré a sentir la presencia divina diariamente, aunque no con ese malsano 
fanatismo religioso que empaña muchas buenas obras. Comprendí que hay que 
escuchar, entender y perdonar, y además algo muy importante: que la ciencia no es 
enemiga de Dios, sino una de sus creaciones. 
Pero ¿De dónde salía todo eso? Yo no recordaba haber ido a clases, o haber recibido 
algún otro tipo de adoctrinamiento. 
Como ustedes comprenderán, esta forma de ver el mundo hizo cambiar diametralmente 
mi forma de vida. Abandoné esa absurda idea de perseguir riquezas que nunca podía 
gozar, ya que estaba muy ocupado protegiéndolas o tratando de aumentarlas. 
Comprendí el valor de la amistad y del humor. Encontré el amor. 
Si señores, encontré el amor a los 50 años y me casé con una mujer quien es actualmente 
mi esposa y lo seguirá siendo por el resto de la eternidad. NUNCA, nunca es tarde.
 

37

 
Además de que periodistas y seudo ufólogos me tenían ñato con preguntas absurdas, a 
cualquier hora del día o de la noche, de que mis vecinos me miraban raro, de que mis 
antiguas amistades y parientes, además de no aportarme nada, me hacían la cruz, me di 
cuenta que vivir en una gran urbe como Santiago era absurdo. 
Buscando el sol, nos mudamos a un olvidado pueblo del norte de Chile, donde el tiempo 
es largo, la gente es buena y el alcalde es honesto. 
Aquí debiera terminar esta increíble y alegre historia de Friendship, la que jamás pensé en 
hacer pública. Sin embargo... 
Dicen que a medida de que van pasando los años y uno se va poniendo viejo, ciertos 
rasgos de nuestra personalidad se van acentuando. Bien, yo siempre fui curioso, e 
invariablemente quería saber el cómo y el por qué de las cosas. De chico me comía las 
empanadas con tenedor y cuchillo para ver que tenían dentro..... 
Habían pasado casi 10 años de mi estadía en la isla, cuando un día, sin ninguna causa 
aparente y mientras manejaba el Jeep cruzando el desierto, me ocurrió algo que no sé si 
catalogar de visión o flash de memoria. 
Me vi en Friendship conversando con Ariel. No duró más de 2 o 3 segundos y no se trató 
de nada trascendental. 
El año 2000, estos flash back comenzaron a repetirse cada vez con mayor frecuencia y 
empezaron a mostrarme una realidad pasada de la cual yo no tenía memoria. Poco a 
poco comencé a entrever que había algo más, y me ocurrió algo paradójico: Yo ya no 
me creía mi propio cuento. 
Influían ciertos razonamientos lógicos: 
¿Cómo era posible que una persona que se acaba de salvar de la muerte, no recuerde 
cuanto tiempo permaneció en el lugar donde lo salvaron? 
Siempre respondía, y con absoluta convicción, ―cuatro o cinco días‖. 
Hace poco un bien intencionado vecino, que según él, ―me está estudiando‖, enojado 
porque yo no le daba más datos, me dijo: ¡Hasta cuando repetís lo mismo! 
Allí me di cuenta de una cosa: yo siempre repetía ―cuatro o cinco días‖. Nunca decía: 
―como cinco días‖ o ―menos de una semana‖, o ―poco tiempo‖..... 
¿Por qué, si yo estuve ―cuatro o cinco días‖ (o talvez mucho más), recordaba solamente 
una sola comida? ......y con todo lujo de detalles. Recuerdo perfectamente que dos 
choros zapato eran amarillos y uno negro, sin embargo no puedo recordar otra pasada 
mía por ese casino. 
Con la habitación es lo mismo. Recuerdo con absoluta claridad, cuan agradable era 
quedarse dormido en esa cómoda cama.......pero una sola noche. 
Para escribir estas páginas, y para que no se hagan tan latosas, he recurrido a una vieja 
victrola Stromberg Carlson, que mi esposa tiene en su pieza de costura. Años atrás ella 
determinó que esa era una antigüedad y procedió a botarle todos sus interiores, para 
quedarse con el fino mueble de caoba. Poco gané con protestar por ese sacrilegio y 
ahora ese hueco, de casi un metro cúbico sirve para guardar fotografías. Allí hurgo cada 
vez que noto que el contenido de uno de estos artículos está muy pesado. 
Voy de sorpresa en sorpresa, pues me encuentro a cada rato con fotografías que no 
recordaba haber tomado, pero que lógicamente, al verlas, me retrotraen a esos 
momentos vividos. 
Entre ellas están las que se tomaron el día de mi regreso, en Puerto Montt. No hay ninguna 
importante, pero en varias de ellas he notado algo bastante decidor: a la vera de los 
caminos, en el campo, pueden verse unos arbustos con flores amarillas. Se trata del 
calafate y el calafate solo florece en primavera.
 

38

 
Si yo me fui en pleno invierno y volví cuando estaba floreciendo el calafate, no puedo 
haber estado allá ―cuatro o cinco días‖. 
Otra que me llamó la atención es la que incluyo. En ella aparezco en la proa de un bote 
en el momento de desembarcar. Ahora, al mirarla puedo recordar la sensación que 
sentía en esos momentos. El mundo me pertenecía, me sentía liviano, estaba feliz. 
Pero ¿Por qué, si no me acordaba del pasado inmediato? 
Compárenla con la que aparece en Decimocuarta Parte. Ambas fueron tomadas con no 
más de tres meses de diferencia. 
¿Creerían ustedes que se trata del mismo huevón? 
 

Decimonovena Parte Holograma I 

 
El caso es que yo estaba feliz, me sentía bien y sobretodo muy agradecido. Sin embargo 
no podía dejar de pensar en ciertas cosas que no me calzaban. 
Varias veces he dicho que tengo una formación científico matemática, por lo que no 
puedo dejar de andar por la vida haciendo cálculos, y en este caso ambos lados de la 
ecuación no me parecían equivalentes. 
Desde que llegué a la isla hubo algo que siempre llamó mi atención: el derroche de 
energía. 
Durante las 24 horas del día, las salas y pasillos permanecían iluminados a giorno; puertas, 
ascensores, montacargas y cocinas, eran eléctricos. 
La temperatura en Aysen es bastante baja, por lo menos para nosotros los chilenos, ya 
que oscila, normalmente, entre 0 y 8º C en invierno. Las instalaciones subterráneas de 
Friendship eran bastante espaciosas, por lo menos comparables en volumen a un gran 
edificio de departamentos y su temperatura interior nunca bajaba de los 20º C. 
Había una gran piscina temperada y tres inmensos invernaderos en el exterior, donde la 
temperatura era de 38º C. Allí se cultivaba todo tipo de vegetales, e incluso frutos 
tropicales. 
Alguna vez pregunté de donde salía tanto calor y electricidad y me manifestaron que 
provenía de un gran generador a petróleo que tenían instalado abajo. En ese momento 
la explicación me satisfizo, pero con el tiempo no me pareció tan razonable. 
La energía producida era mucha y por lo tanto el generador tendría que haber sido 
enorme y por ende el consumo de petróleo estratosférico. 
La única forma de llevar petróleo a la isla era en el Mytilus II, el que arribaba cada 6 a 10 
días, y cada vez no traía mas de dos o tres tambores de 200 litros cada uno, lo que según 
mis cálculos no duraría más de 36 horas. 
Además un grupo generador de ese tamaño, por mucho que se le aísle, suena y vibra, y 
en las instalaciones de Friendship reinaba un silencio y una paz celestial. 
También yo tenía desde el comienzo una gran interrogante, que seguramente es la 
misma que tienen Uds: ¿Cómo se financiaba todo eso? 
Ya lo había preguntado años atrás, y la respuesta era que todo se había iniciado en los 
años 70 en California, con una Fundación sin fines de lucro. Posteriormente habían 
emigrado al Archipiélago de los Chonos o Guaitecas, donde aprovechando las 
franquicias que se otorgaban en esa época, habían adquirido la isla. 
Esta ha existido por siempre, aunque no con el apelativo de Friendship, ya que ese 
nombre se lo pusieron ellos.
 

39

 
La isla, además de una serie de ventajas relacionadas con su situación geográfica, 
poseía una mina polimetálica con Platino, Paladio, Rodio, Osmio e Iridio, lo que no es tan 
extraño, ya que existen yacimientos similares en toda la provincia de Aysen. 
La producción de esos metales preciosos no era espectacular, pero si lo suficiente como 
para solventar los gastos de la Comunidad, ya que con los alimentos que se producían en 
la isla, eran perfectamente autosuficientes. 
Ante mi insistencia me permitieron visitar la mina, la que me dejó bastante desilusionado, 
ya que no era del tamaño que yo esperaba. Las galerías no tenían más de dos metros de 
ancho y solo pude entrar unos 50 metros, ya que me explicaron que más al interior se 
producían gases venenosos. 
Había algo curioso: en la mina tampoco hacía frío. 
Diez años después, todas esas cosas, más muchas otras, seguían dando vueltas en mi 
cabeza. 
En los últimos dos años, los flash de memoria se hicieron cada vez más seguidos y más 
claros, pero nada habría trascendido más allá del entorno familiar, si no fuera porque 
hace un año y medio, tuve uno muy particular. 
Yo caminaba por un pasillo ancho y bien iluminado en compañía de Ariel. Creo que ya 
les he dicho que con Ariel nos une más que una amistad, una intimidad, producto de 
varios años de conversaciones radiales, donde de tanto hablar, uno poco a poco va 
desnudando verdades que en otras ocasiones difícilmente contaría. 
Conversábamos sobre generalidades concernientes a mi estadía en la isla, cuando de 
repente me acordé de los que habían quedado en Santiago. 
Especialmente de Octavio y su familia. Con ellos, más Oscar y Cristina, Tania Wolffensson, 
Alejandro Scolari y su señora y muchos otros, siempre nos preguntábamos como podía la 
gente de Friendship predecir acontecimientos futuros. 
Todos habíamos sido testigos del anuncio del terremoto de México, del desastre del 
Nevado del Ruiz, de los resultados anticipados de las elecciones en Israel y de la caída 
del Challenger, etc, etc, etc. ¿Cómo lo hacían? 
Lo habíamos preguntado por radio más de alguna vez, y siempre la hermética respuesta 
era la misma, repetida con voz metálica: 
 
Yo, hasta esos momentos no era muy aficionado a leer La Biblia, sin embargo, gracias a la 
insistencia de Friendship, comencé a revisarla, pero nunca encontré referencias al 
Challenger. 
Decidí aprovechar la oportunidad para preguntárselo en ese momento a Ariel, que 
además era quien lo había anunciado. 
 
me volvió a repetir. 
-Perdóname Ariel, pero por más que revise La Biblia, sé que jamás encontraré palabras 
como México, Challenger o Chernobil 
 
 -¿Cómo? 
Ariel se detuvo un momento como dudando, después de un momento se decidió y luego 
dijo: 
 
Lo seguí a paso rápido por los pasillos, doblamos a la derecha por un pasadizo de 
dimensiones inferiores al anterior, y en la mitad de este abrió una puerta.
 

40

 
Entramos. Dentro todo estaba en una semipenumbra y al medio de la sala se destacaba 
algo así como una mesa de unos tres por tres metros, pero de no más de unos 50 cm de 
altura. Alrededor de ella, pero pegadas a las paredes había cuatro como computadores, 
con pantalla y todo, mirando hacia la mesa central. 
En la sala había 5 personas, una en cada teclado y otra en un escritorio con un spot de 
luz blanca y varias botoneras y pantallas, los que no se inmutaron mucho al vernos entrar. 
Lo más impresionante, es que al centro, sobre la meza y captando toda la atención de 
los presentes se apreciaba una figura geométrica con forma de ladrillo, de 
aproximadamente 2 x 1,50 x 0,80 mts. Recordé su nombre: un paralelepípedo rectangular 
de base rectangular. 
Pronto noté que podía ver a través de él y que no era sólido. Estaba formado por 
infinidad de puntos de color verde, que destacaban en la casi oscuridad reinante en el 
lugar. ¡Era un holograma! 
 
 
Primero que nada he de hacer notar que esta era la primera vez en mi vida que yo veía 
un holograma, y que fijándome bien me di cuenta que entre la multitud de puntos, había 
algunos pocos rojos, que destacaban entre los verdes y que formaban secuencias. 
Todos los operadores tenían puestos fonos y un micrófono pequeñísimo. Algo conversaron 
y comenzaron a teclear. 
Al cabo de algunos segundos el ladrillo cambió de forma. Seguía siendo un ladrillo, pero 
ahora parado de costado y con diferentes proporciones. 
Quince o veinte segundos después, algunos puntos comenzaron a pasar del verde al rojo 
y se formaron nuevas secuencias. 
 
dijo Ariel 
-¿Qué? 
 
-¿Cómo? 
 
Ahora me acerqué más a la imagen y noté con asombro que los puntos no eran tales, 
sino signos. 
 
me advirtió Ariel. 
-¿Y qué dicen?-pregunté. 
 

 

hebreos en diferentes secuencias, podrás saber cosas del pasado del presente y del 
 
futuro. Así fue escrita> 
-¿O sea que La Biblia es un gigantesco crucigrama? 
 

 

entre pasado, presente y futuro, es pura ilusión ‖> 
 
¡Si, lo recuerdo! 
<¿Y recuerdas en La Biblia las palabras que dijo Dios a Daniel en 12, 4?: ―Pero tu Daniel, 
cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para 
allá, y la ciencia se aumentará‖> 
En ese momento caí en la cuenta, y me aterré. ¡Yo no iba a salir de allí! Parece que los 
signos físicos de mi angustia fueron muy evidentes, ya que Ariel lo notó.