ISLA FRIENDSHIP CONEXIÓN OVNI - Libro Completo - páginas 21- 30

22.07.2014 21:33

ISLA FRIENDSHIP CONEXIÓN OVNI - páginas 21- 30

 

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-Ernesto, de Friendship nos pidieron que te aconsejáramos que no fumes, te va a hacer 
muy mal. 
Bueno, pensaba yo, el día que comience a hacerme mal, lo dejo. 
Mido 1,83m y pesaba 56 Kg. 
Lo mas increíble era, que a pesar de todo, avanzaba. Comencé a poder hacer cosas 
que nunca me habría imaginado iba a poder alcanzar. 
Tenía que probar, y para eso se necesitan sujetos de experimentación, y que mejor que 
los amigos y parientes. 
Al principio a la gente estas cosas las divierte, pero cuando ven que el asunto va en serio 
se asustan, y a veces mucho. 
De repente me di cuenta que personas muy cercanas a mí y a quien yo quería mucho, 
me temían. 
Con Friendship cada cierto tiempo tenía que rendir una especie de exámenes, los que 
para sorpresa de ellos mismos, generalmente aprobaba. Nunca faltaba la 
recomendación: 
 
< Ernesto, si anoche no te hubieras bebido ese whisky, lo habrías hecho mucho mejor >. 
¿Cómo lo sabían? 
Entre las pruebas que tuve que hacer fue la de obtener un objeto sólido desde la casa de 
alguien, sin que este se diera cuenta y sin yo entrar a la casa. Parece imposible, sin 
embargo no lo es. 
Pude sacar desde el hogar de la familia Ortiz Muñoz un llavero con todas las llaves de la 
casa. Al día siguiente se lo entregué a Octavio, quién no podía creerlo pues esa noche 
estaba la familia completa en casa, mas algunas visitas, y nunca abandonaron la 
vivienda. Desde ese día Cristina me mira con ojos raros. 
Al día siguiente Ariel llamó a Octavio y preguntó si había recibido las llaves, Octavio 
contestó afirmativamente y la prueba se dio por superada. 
 
Duodécima parte. Pruebas 
 
También tuve que rendir pruebas sobre mis progresos en telepatía. Estas se realizaban de 
una manera bastante entretenida. 
Se me dijo que me preparara para un viaje largo y que simplemente me pusiera en 
camino. Ellos me dirían donde ir. 
En ese tiempo yo tenía una Citroneta, así es que la preparé, me conseguí una carpa, 
eché algo de provisiones y salí. 
Llegué a la Panamericana y no sé por qué se me ocurrió ir hacia el norte. Sabía, por lo 
que había aprendido, que debía relajarme, no pensar y menos aun tratar de escuchar 
voces. 
En otras palabras, las acciones deben de salir de uno mismo, como si fueran ideas 
propias. 
Así fui avanzando por la Ruta Norte, a veces con seguridad, a veces con dudas. Al 
enfrentar la entrada a Tongoy, estaba desorientado, decidí entrar. 
Todo era normal, no había visto Ovnis ni había escuchado voces interiores. ¿No sería todo 
esto solo una equivocación? porque si así lo fuera, caro me iba a salir, ya que me había 
alejado mas de 300 Km de mi casa. 
¿No sería mejor volverse ahora, antes de seguir haciendo el ridículo y terminar quizás 
donde?

 

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Estuve a punto de regresar, pero al último momento, decidí pernoctar allí, meditar 
durante unos 20 minutos y tomar una decisión al día siguiente. 
En la mañana, al despertar y meditar nuevamente, no sé por qué, lo vi todo claro. Me 
había desviado y debería volver a la ruta. Lo más curioso es que ahora me embargaba 
una sensación de confianza, la que había empezado durante la noche anterior. Me 
sentía acompañado. 
Con muy buen animo recogí la carpa y seguí viajando hacia el norte. Llegué a La Serena 
y doblé al este hacia el valle del Elqui. El día era hermoso y yo, después de muchos años, 
experimentaba una sensación muy parecida a la felicidad, pero era una sensación física. 
A medida que avanzaba por los serpenteantes caminos del valle empecé a tener una 
sospecha. Una o dos veces, mientras conducía, noté algo como una luminosidad rojiza a 
mi izquierda, que seguía a la Citroneta. Dos veces me detuve a observar, pero nada 
pude ver. 
Llegué a Vicuña, paré un momento en la plaza y luego continué hacia el este. Ahora si, 
me pereció ver algo como una pequeña esfera roja que me seguía. Preparé la cámara 
fotográfica. 
Hubo un momento que estuve seguro que estaba a mi izquierda, sobrevolando el lecho 
del río. Me detuve y disparé la cámara. Bajé la máquina y la esfera no estaba. 
Esto se repitió como tres veces. Luego me di cuenta que la tal esfera no era sólida, puesto 
que podía ver a través de ella. También noté que cuando se me acercaba yo sentía 
ciertas sensaciones físicas. Como que se me aceleraba el ritmo de cardíaco y sentía algo 
así como una nausea. No es exactamente eso, pero es lo que más se le parece, de todas 
maneras es algo muy difícil de describir. 
Así seguí avanzando hasta que llegué a la plaza de un pequeño pueblo y tal como yo lo 
esperaba, no sé por qué, había alguien esperándome. 
Francamente no era quien yo, mas o menos, me había figurado. Se trataba de una 
hombre de unos 36 años, de cabello negro y rasgos autóctonos. Es decir, nada que ver 
con Friendship. 
Lógicamente pensé, que ahora se me iban a dilucidar muchas incógnitas a través de 
este personaje, sin embargo, grande fue mi desilusión, al enterarme de que él solamente 
era un estudiante, al igual que yo y que también estaba rindiendo un examen para 
Friendship. 
Poco fue lo que conversamos, ya que se notaba que mi interlocutor no era hombre de 
muchas palabras, pero ambos llegamos a la conclusión de que el experimento había 
terminado y que, por lo tanto cada cual debería de volver a lo suyo. 
 
Hacía mucho tiempo que no me relajaba y después de todos esos inviernos chilotes, me 
estaba reencontrando con el sol. Además por primera vez estaban entrando en mi 
cabeza las enseñanzas de Friendship: 
 
¡No se iba a detener mi futuro si me quedaba unos días en la playa! 
Bajé hasta La Serena para acampar y aunque Uds. no lo crean, en ese tiempo aun uno 
podía instalar una carpa en la Avenida del Mar, donde hoy está lleno de edificios de 
departamentos, al frente de la costa. 
Esa noche dormí bien y al día siguiente me dirigí a la playa, donde estuve casi todo el día. 
En la tarde, poco antes de la puesta del sol y estando aun en la arena, comencé a 
sentirme intranquilo. Tenía un gusto acre en la boca y una leve sensación de nausea en el 
estomago. No me habría dado cuenta, a no ser por el griterío de unos niños que
 
 

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andaban en bicicleta por la Avenida del Mar, que algo anormal ocurría. Se detuvieron e 
indicaban hacia arriba. 
Miré, y allí se veía con claridad un objeto discoidal moviéndose en el cielo. ¡Era lo que yo 
había esperado! 
Me quedé con la boca abierta mirando sus evoluciones, hasta que recordé que tenía la 
cámara. El problema era que estaba dentro de la carpa y la carpa al otro lado de la 
calle. ¿Alcanzaría a tomar la foto? 
Corrí, tropecé y salté hasta cruzar la calle imprudentemente y llegar a la carpa. Tomé la 
cámara, enfoqué y disparé, sin preocuparme mayormente del encuadre, ya que quería 
tomarlo antes de que desapareciera. 
Como el objeto seguía evolucionando sobre la bahía, corrí de vuelta hacia la playa y por 
el camino disparé la segunda foto. Conseguí llegar casi hasta la Avenida del Mar donde 
estaban los niños y allí alcancé a encuadrar mejor y tomar la última foto antes de que el 
objeto desapareciera hacia el sur oeste. 
Esta es la procedencia de las fotos que Uds. ahora pueden ver* aquí. (*solo en el 
texto original la foto) 
Las copias originales se perdieron en esos tiempos entre tanto ufólogo, sin embargo yo 
aún conservo los negativos, que es de donde proceden estas fotos. 
Hay que recordar que estos negativos han estado guardados, y mal guardados, por mas 
de diez años, por lo que están bastante sucios y tienen varias manchas. Sin embargo si 
Uds. aumentan las imágenes (que es una posibilidad que se da en este website) podrán 
distinguir claramente que es mancha y que es UFO. 
En cuanto a la esfera rojiza, si es que alguna vez existió, nunca mas se supo, pues al 
revelar el rollo apareció el paisaje pero no la luz. 
 
Decimotercera parte. ¿Para qué? 
 
Debo aceptar que a esa altura de los acontecimientos, comencé yo mismo a 
cuestionarme y por qué no decirlo, a aterrarme. 
¿Qué estaba sucediendo? 
¿En qué me estaba metiendo? y ¿Para qué? 
¿Valía la pena? 
Ya no podía relacionarme normalmente con la gente. Mi circulo de conocidos se reducía 
a unos cuantos ufólogos, a algunos esquizofrénicos, a dos o tres vivos que me proponían 
negocios de dudosa moralidad y a una parvada de locos que me seguía para que viera 
junto a ellos fenómenos celestes que no existían. 
Las pocas amistades que aun me quedaban me miraban como bicho raro. Hasta los 
allegados a Friendship como Cristina y Octavio me veían con temor atribuyéndome 
muchos más poderes que los que en realidad tenía. 
Además ¿Para qué me servían esos poderes, si incluso asustaban a la gente que yo 
amaba? 
En la vida real no era capaz de solucionar mis propios problemas, tanto familiares como 
económicos. En la parte material iba derecho al abismo y en la parte humana estaba 
totalmente solo. ¿Para qué?. 
Decidí preguntárselo a Friendship. 
Fue una de las pocas reuniones que tuvimos en Santiago. 
Ellos, Gabriel, Miguel, Rafael y Helga, venían de Valparaíso y pasaron por mi casa, en la 
parcela de Santa Ana de Chena, un día de otoño. Yo ya vivía solo.
 
 

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Como era su costumbre, aparecieron al anochecer trayendo consigo el pan y el vino. Allí 
pregunté, con todo el respeto que pude, ¿Para qué? 
 
< Nos alegra mucho que preguntes esto, lo estábamos esperando > 
-¿Por qué? 
< Porque solo te has dado cuenta, que el conocimiento en sí, como tal, no sirve de nada, 
si no tiene un propósito. Solo lleva a la corrupción > 
-¿Y cuál es ese propósito? 
< Los Ángeles del Señor te necesitan > 
-¿ Y para qué me necesitan? 
< Para que cumplas una labor similar a la nuestra, es decir que ayudes para establecer 
una comunicación entre ellos y otros > 
-¿Y para eso tengo que ser brujo? 
< No, brujo no, pero necesitas ciertas capacidades para poder comunicarte 
directamente con ellos, y no como ahora, que solo puedes hacerlo a través nuestro > . 
-¿Y por qué no nos comunicamos ahora? – (Esto como que molestó un poco a Gabriel). 
< Ernesto, te estás comportando como la mayoría de la gente de este planeta, con un 
egoísmo y una arrogancia increíble > 
-¿Por qué? 
< Los norteamericanos exigen que los extranjeros les hablen en inglés, los campesinos 
franceses quieren que los que vienen de otro sistema estelar les hablen en su idioma y los 
chilenos, que se dirijan a ellos en el mal español que hablan. 
¿No creen que están pidiendo demasiado? > 
-Elijamos entonces un idioma que ambos podamos hablar. 
< ¿Hablar? ¿Tu crees que por que tu te comunicas con los tuyos a través de sonidos 
articulados, todos los habitantes de esta y otras galaxias tienen que hacerlo de la misma 
forma? > 
- Nunca había pensado en eso. 
< Mira > .- dijo Gabriel señalando una sinuosa línea en la enyesada pared de la 
habitación. 
Di vuelta la cabeza y solo vi una fila de hormigas que ordenadamente cruzaba una 
esquina de la muralla. 
< ¿Crees que se comunican entre ellas? > 
Sé que lo hacen. 
< ¿Cómo? > 
Lo ignoro. 
< A través de vibraciones táctiles que comunican con sus antenas al chocarlas. 
¿Has tratado de hablar con ellas? > 
No. 
< Bueno, nosotros tampoco, sin embargo son una sociedad de seres vivientes 
organizada,que lleva millones de años conviviendo con el ser humano en este mismo 
planeta, 
y aun no se comunican > . 
No creo que tengan mucho que contar. 
< Otros seres, mucho más evolucionados que los terrícolas, tendrían derecho de pensar 
lo mismo sobre nosotros, ¿No crees? > . 
¿Es tanta la diferencia?
 
 

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< Más aun de lo que puedas imaginar. Piensa: recién se están abriendo las puertas de la 
informática y ...cuanto ha cambiado la humanidad, en estos pocos años. 
Figúrate, no en 10 o 20 años más, sino en 5.000.- 
< Recién estamos vislumbrando la posibilidad de la ingeniería genética y dentro de poco 
se conocerá el genoma humano, ¿Te figuras la raza terrícola, mejorada, en 5 o 10 mil 
años más? > (1) 
¿Se producirán clonaciones? 
< No solamente eso, sino muchas otras manipulaciones de las que tu ni siquiera has oído 
hablar > 
¿Cuándo ocurrirá eso? 
< Estamos comenzando, aunque solo de manera selectiva. La comunicación masiva solo 
se producirá cuando se hallan logrado ciertas metas tecnológicas > . 
¿Cuáles? 
< Entre otras, mejorar el hardware para lograr una integración informática >. 
-¡Mejorarlo más aun! Y ¿Para qué? 
< Es similar al caso de las hormigas. El sistema de comunicaciones que los 
Ángeles del Señor usan, es tan distinto para nosotros como el de las hormigas o de las 
abejas. Tú, talvez, podrás algún día comunicarte con ellos a través de la telepatía, pero 
así y todo, nunca se logrará una comunicación absolutamente fiel. 
Aun nosotros en la Congregación no logramos el 100%. Son esquemas de pensamiento 
diferentes y lo que se transmite telepáticamente son conceptos y nadie puede poner 
dentro de tu cabeza un cierto conocimiento, si tu no tienes ya, por lo menos, la base de 
dicho concepto > . 
 < Hay que pensar que un error de interpretación en un concepto científico puede 
producir un caos > . 
¿Qué se puede hacer entonces? 
< Solo una cosa: que los computadores de ellos conversen con los de nosotros, en un 
mismo lenguaje. > 
¿Y por qué no se hace? 
< Primero, porque los terrícolas necesitaron miles de años para desarrollar el concepto de 
un computador y ahora, que existe, la diferencia tecnológica entre los de ellos y los 
nuestros, es demasiado grande > . 
¿Qué se puede hacer entonces? 
< Lo que se está haciendo. Ayudándolos a Uds. a que mejoren sus computadores 
ybajando las prestaciones de los de ellos. > 
¿Dónde se está haciendo eso? 
< En todo el mundo. ¿Tu crees que este florecimiento repentino de la inventiva en 
informática, en estos últimos años es algo lógico y casual? > 
Por lo menos lo creía. 
< Tan lógico y casual como el florecimiento repentino y sin base de la astronomía y las 
matemáticas en los antiguos mayas y egipcios, que en unos pocos años, de vivir en 
chozas, pasaron a construir pirámides. > 
(1) Esto sucedía en 1989. 
 

Decimocuarta Parte .Cáncer 

 
Después de lo anteriormente relatado comienza un periodo bastante caótico y difícil de 
entender. Sé que la mayoría de Uds. dirán que esto es un absurdo y que me farrié una
 
 

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gran oportunidad, pero la vida real es así, llena de absurdos. Para comprender, solo les 
pido que se pongan por un momento dentro de mis zapatos y desde allí juzguen lo que 
sigue. 
Haga clic en la imágen para ampliarla 
Mi estabilidad económica tambaleaba. El proyecto de explotación maderero no 
funcionaba y todo mi capital estaba metido allí. 
Mi vida privada era un desastre ya que debido en gran parte a lo anterior, mi mujer se 
había ido con los niños. Estaba solo. 
La tos ya casi no me dejaba hablar, mi salud era una calamidad, pero seguía fumando 
casi 50 cigarrillos diarios. 
Lo que Friendship me ofrecía, me interesaba pero no veía como me podrían sacar de ese 
hoyo. Además me pedían que dejara de fumar, ¡Justamente ahora! 
Que dejara de beber.¡Justamente ahora! 
Mucho tiempo después me vine a dar cuenta que el problema era justamente eso: 
querer seguir allí. 
Es decir, me aferraba con todas mis fuerzas a algo ilusorio: mi realidad. 
Jamás se me ocurrió cuestionarme si valía la pena. 
Muchos de los que están leyendo esto, no se extrañen, pues algunos de Uds. están 
pasando por similar situación ahora, y no se dan cuenta. 
Cuando uno está en esas condiciones, es decir en circunstancias extremas, tiende a 
razonar en forma errónea y a creer que la salvación está en insistir en el mismo error. 
Por lo tanto a Friendship le dedicaba cada vez menos tiempo. Dejé de hacer los 
ejercicios, a pesar de que a ellos les decía que si los hacía. El contacto se hacía cada vez 
más esporádico y más tenue. En otras palabras: les huía, puesto que cada vez que 
hablaba con ellos, me llamaban a recapacitar y cambiar, cosa que yo no quería. 
Lo que deseaba hacer era recuperar lo perdido. Con solo oraciones CORFO no me iba a 
prestar la plata que necesitaba. Debía de terminar el proyecto. 
Pasaron como siete meses y a pesar de que trabajaba y trabajaba, cada día estaba más 
pobre, más solo y más enfermo. 
Si en algo me servía lo que había aprendido con Friendship era para burlar a la realidad. 
Mi cuerpo ya no tenía energía para seguir, sin embargo yo, usando técnicas 
paranormales lo seguía exigiendo. Pero todo tiene su límite y llegó el momento en que mi 
organismo no aguantó más. 
Fue un día de invierno en Santiago. Había amanecido con algo de fiebre y una tos 
espantosa, sin embargo me levanté temprano para ir al banco a gestionar un crédito. 
No podía caminar mas de media cuadra sin descansar y en uno de esas pausas, en la 
calle Huérfanos, me vino un acceso de tos. Tosí y tosí hasta perder el conocimiento. Tenía 
49 años. 
Después de varios días en cama vinieron los exámenes y las radiografías. Hacía 20 años 
que no consultaba a un médico. Todos me miraban fijamente y repetían: ―tiene que 
consultar un especialista‖. Como queriendo lavarse las manos. 
Finalmente consulté al especialista bronco pulmonar. Era un hombre bastante mas joven 
que yo, pero por deformación profesional se notaba que hacía todo lo posible por 
parecerse a Dios. ¡Incluso trabajaba en la Universidad Católica! 
Después de observar detenidamente varias radiografías de mis pulmones me preguntó, 
qué previsión tenía. Al contestarle que ninguna, parece que montó en cólera. 
¡Siempre es lo mismo! – Cuando están en las últimas vienen a acordarse de que deberían 
de haber entrado a una Isapre, y ¿Cómo lo va a hacer ahora?
 
 

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- No sé....
- Pero si tuvo toda una vida para preocuparse... 
- Pero doctor, ¿Qué tengo? 
- ¡Cáncer hombre! ¿No se ha dado cuenta? . 
 Mire... - me dijo, señalándome la radiografía. 
Prefiero no seguir relatando esa entrevista, pero Uds. se figurarán como siguió. Yo, como si 
me hubieran dado un palo en la cabeza y él hablándome de los costos que significaba 
tener cáncer. 
Al salir no lo podía creer. Yo con cáncer... no podía ser... ¡Eso le pasa a otras personas... 
¡No a mí! 
Allí comenzó un proceso que nunca había ocurrido en mi: no atiné a hacer nada. 
El medico me había dado una larga lista de remedios; no los compré. 
Me había mandado a hablar con diferentes cirujanos, tampoco lo hice. 
Estuve dos o tres días solo en mi casa. Tampoco quería comunicárselo a la gente. 
Simplemente no quería creerlo. 
De repente recordé que con mi ex esposa conocimos a un médico con el cual habíamos 
terminado haciéndonos amigos. Su nombre era Gregorio y fui a verlo. 
Miró cuidadosamente las radiografías y dijo: 
Es grave. 
¿Qué se puede hacer? 
Sacar ese pulmón. 
¡Pero si con los dos que tengo apenas puedo respirar! ¿Qué podría hacer con uno solo? 
Mmm, todo tiene arreglo.....-noté que dijo, sin ninguna convicción. 
Cuando me fui, me di cuenta que ese buen hombre lo sentía y le dolía. Había nacido 
para ser médico. 
Volví a casa. No sabía que hacer. 
Fuera de mi trabajo, lo único que aun me interesaba era la radio y esa noche, por esas 
cosas que uno cree que son casualidades, decidí que la pasaría en vela, conversando 
con algún desconocido. 
Cerca de las tres de la mañana y en la frecuencia 27.725 Khz escuché la portadora de 
Friendship. Esta señal era simplemente un zumbido, pero un zumbido muy especial que los 
que estábamos en contacto con ellos podíamos identificar. 
Después de los saludos de rigor, tuvimos una corta conversación. Me di cuenta que 
sabían lo que me estaba pasando. Me explicaron que hacía dos días que estaban 
tratando de comunicarse conmigo vía telepatía, pero que yo no escuchaba. Fuera de 
eso no hubo ni una sola recriminación. Solo me dijeron: 
< ven, tal vez aún halla tiempo > 
Luego me explicaron como hacerlo. 
 

Decimoquinta Parte El Viaje I 

 
Subí al bus en el terminal Sur de nuestra capital. La distancia Santiago - Ancud es de 1106 
Km. y el transporte demora aproximadamente 16 horas, por lo tanto tuve bastante 
tiempo para pensar. 
Aún no cumplía 50 años y mi vida se acababa. ¿Qué había hecho en ese tiempo? 
 
Recordé mi infancia cuando vivía con mi madre: era un niño feliz
 

 

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Pasado casi medio siglo, había hecho muchos esfuerzos y sacrificios, conseguido algunas 
cosas, y era un viejo enfermo y amargado. 
Eso no era lógico. 
Esa noche alojé en el Hotel Lydia de Ancud y temprano en la mañana partí hacia 
Quemchi. Me bajé en el cruce del camino que va de Quemchi a Dalcahue y empecé a 
caminar hacia el sur. Por suerte esa mañana no llovía, pero por el ripiado, gris y solitario 
camino no transitaba nadie. Eso estaba mal, porque en mi precario estado, difícilmente 
podría caminar más de 50 metros sin descansar. Además llevaba la maleta. ¿Alcanzaría 
a llegar a tiempo a la cita? 
Me habían dicho: 
 
 
Eran las 8.10 y me faltaban varios kilómetros. 
Pero ocurren esas coincidencias, que según algunos dicen, no son tales. 
Mientras descansaba, sentado en la maleta, después de haber recorrido unos 600 metros 
desde el cruce, apareció por el norte una camioneta. La manejaba el hijo de un amigo 
vecino de Quemchi y que venía desde Tubildád. Me vio e inmediatamente se detuvo. 
 
¿Cómo está don Ernesto?, ¡Casi no lo había conocido! 
Tiré la maleta hacia el pick up de la camioneta y subí a la cabina. 
 
¿Para donde va? 
-Déjame a la entrada de Choen. 
Mi aspecto no debe de haber sido muy saludable, ya que durante el corto viaje noté 
como el muchacho me miraba de reojo. De repente no aguantó más y preguntó: 
 
¿Le pasa algo don Ernesto? 
En ese momento me bajó un ataque de tos y entre ahogo y ahogo, le respondí: 
 
 - Debe de ser la gripe. 
Cuídese, mire que se ve muy pálido. 
 - Déjame hasta aquí nomás,- la dije al ver que ya entrábamos 
 a la curva que pasa frente a Choen. 
Al detener la camioneta me preguntó: 
 
¿Quiere que lo acompañe? 
De todo corazón le habría dicho que si, ya que no me encontraba capaz de bajar hasta 
la orilla del mar cargando la maleta, pero tuve que decirle: 
 
-No gracias, déjame. 
Me ayudó a bajar, subió nuevamente a la camioneta y se alejó lentamente mirando por 
el espejo retrovisor. Su cara era de extrañeza. 
No es para menos, ya que Choen no es un pueblo o un villorrio, solamente es un lugar. 
Seguro que aun se estará preguntando hacia donde iba yo ese día, a esa hora, con una 
maleta y con esa cara de cadáver. 
Cosas tan simples como esta, muchas veces, cuando son miradas desde otro punto de 
vista y con datos incompletos, sirven para dar pie a leyendas, a lo que los chilotes son 
muy afines.
 
 

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En los pueblos chicos de La Isla, todo el mundo se conoce mutuamente y cuando el 
muchacho llegó a su destino, contó que se había encontrado conmigo temprano en la 
mañana y que me había dejado en Choen. Le contestaron que eso era imposible, ya 
que yo hacía dos meses que me encontraba en Santiago, lo que era cierto. Eso, sumado 
a mi cara de difunto y a que en los meses siguientes, efectivamente no estuve en mi casa 
de Chiloe, dio pie a toda clase de especulaciones sobre mis poderes sobrenaturales. 
Comencé a bajar hacia lo orilla del mar y en uno de los recodos del sendero miré para 
abajo y divisé la inconfundible figura blanca del Mytilus II, navegando a marcha mínima 
hacia el centro de la rada. 
Poco después y mientras descansaba agotado, a medio camino, vi como bajaban el 
Zodiac. Algunos minutos después logré abordarlo, ya en el límite con la extenuación. 
Estoy seguro que de no haber sabido que ese viaje podría salvar mi vida, no habría sido 
capaz de llegar hasta la playa. 
Recordé que pocos meses atrás fui a ese mismo lugar a buscar unos animales y bajé y 
subí corriendo el mismo sendero. 
A bordo me dieron la bienvenida Ariel, Rafael, Samuel y Alberto. Además viajaba otro 
personaje, que me presentaron como Sigfried, de unos 60 años aproximadamente, que 
no hablaba español y que contemplaba con la boca abierta las riveras de los canales 
por donde íbamos pasando, exclamando a cada rato: 
¡Wunderbar! 
Lo acompañaban varias maletas negras, las que cada cierto tiempo abría, revisando su 
contenido. Vi que este se trataba de instrumentos ópticos o electrónicos, los que 
descansaban en un molde de espuma. Una vez lo interrogué con la mirada, como 
diciendo ¿Qué es eso?. Solo se limitó a responder: 
¡¡Delicaaado!! 
El Mytilus II conducido hábilmente por Alberto ahora navegaba a buena velocidad, 
seguido solo por algunas tuninas, que son los delfines de la zona. 
 
En la foto: *Mythilus II entrando a Quemchi. Fue tomada antes de lo indicado en el relato 
(*solo en el texto original la foto) 
Poco rato después estuvimos a la cuadra de Achao, en cuya bahía nos detuvimos por 
unos momentos. 
Vi que tiraban el ancla y luego bajaban el Zodiac, el que fue abordado por Ariel y 
Samuel. Los seguí con la vista y vi que se dirigían a abordar otra embarcación que estaba 
anclada más cerca de la costa que nosotros. 
Se trataba de una lancha más pequeña que el Mytilus II y si no me equivoco su nombre 
era Quenac. Pasaron como 20 minutos cuando vi que el Zodiac volvía, con sus dos 
tripulantes mas unos cestos de totora. 
Una vez que todos estuvieron a bordo, Alberto hundió los aceleradores y pusimos rumbo 
al sur, ahora a considerable velocidad, tanto, que yo, a pesar de lo mal que me sentía, 
afloró en mi la afición ―tuerca‖ y no pude menos que preguntarle a Alberto, qué pasaba. 
El me explicó que habían cambiado los motores y ahora había dos Detroit Diesel, de mas 
de 300 Hp. cada uno. 
Traté de seguir hablando con Alberto, pero como en el puente había ruido me vi 
obligado a subir el volumen de mi voz, lo que me causó otro ataque de tos. 
Esto es desagradable, pero para que comprendan el estado en que me encontraba, 
debo contarles que cuando una persona lleva varios días tosiendo se comienzan a 
resentir los músculos del pecho y del estomago, lo que sumado a una ciática que me
 
 

30

 
 
había comenzado, me producía terribles dolores en cada espasmo, los que no podía 
controlar. 
Rafael se acercó a mí, al mismo tiempo que le hacía una seña a Alberto, el que luego 
apareció con una pequeña botella de aluminio con lo que yo creí era oxigeno. 
Comencé a aspirar el gas, y una vez que me hube calmado un poco, Rafael me ofreció, 
en un vaso largo de cristal, algo que yo pensé era un cocktail. Su sabor era agradable, 
similar al de un Vermouth y me di cuenta que efectivamente contenía alcohol. Me pidió 
que me lo tomara lentamente, mientras me examinaba, me tomaba la presión y 
conversábamos. 
Antes de 15 minutos ya no tenía tos, y lo más increíble es que me sentía bien, tan bien que 
incluso casi olvido el propósito del viaje. Me volvió el buen humor y comencé a hacer 
preguntas. 
 
¿Qué es esto?- pregunté alzando el vaso. 
- respondió Rafael. 
¡O sea que ahora estoy volando! 
Volando no, pero... 
¿Uds. aceptan el uso de drogas? 
ser humano> 
¿Y todos los estragos que causan? 
enriquecimiento> 
¿También usan la coca? 
para sanación y consuelo de los nativos y perdición para los blancos invasores>. 
¿Y quién la trajo? 
 

Decimosexta Parte El Viaje II 

 
El interior del Mytilus II es cómodo y acogedor y lo que más llama la atención del que está 
acostumbrado a navegar en embarcaciones pequeñas, es su limpieza. 
Su decoración es de color blanco, matizado de vez en cuando, con toques de verde 
claro, lo que contrasta en forma hermosa con sus barnizadas maderas. 
 
Siempre hay en el ambiente un olor muy agradable, que después supe provenía de una 
esencia que ellos fabrican con las hojas de la Tepa. Ese mismo olor lo encontraría después 
en los pasillos y lugares de trabajo de la Isla. 
Ya en parte repuesto, de los desagradables síntomas que traía cuando abordé y con el 
ánimo un poco mas arriba, me di cuenta que estábamos llegando a Quellón. Era ya 
pasado el mediodía.. 
Tampoco atracamos al desembarcadero, sino que tiramos el ancla como a 200 metros 
de la costa. Bajó el Zodiac con Ariel y Samuel, quienes se dirigieron al muelle. 
Allí estuvieron unos pocos minutos, para luego volver trayendo una malla con erizos y un 
hermoso Mero. Aprovechamos la detención momentánea para almorzar allí mismo y 
luego continuar nuestro viaje al sur.