Mitos y Leyendas Chilenas

15.04.2013 21:33

 

Bienvenidos a Mitos y Leyendas Chilenas

 

 

Esperamos, con esta recopilación, aportar con un granito de arena para que las nuevas generaciones conozcan las

leyendas que han sido transmitidas de padres a hijos y que con las actuales tecnologías han ido desapareciendo.

 

El campo que nosotros conocimos ya no es tal.

Las luminarias impiden esas noches misteriosas a la luz de una vela,

y ese miedo que provocaba la narración de muchas historias,

que se transformaron en leyendas.

 

Aviso a los Visitantes

 

 
Si conoces alguna historia puedes enviarla al correo de este sitio para ser publicada, me refiero a las historias que alguna vez escuchaste de boca de tus padres o abuelos y que no están registradas en ningún libro. Narraciones transmitidas en alguna noche junto a un brasero...

 

Anoche, conversando con una amiga, recordabamos esas obscuras y terrorificas noches infantiles en el campo chileno. Ese campo que se empeña en desaparecer para siempre con el influjo de la modernidad y la tecnología.

 

Recordabamos por ejemplo los famosos “Bultos Blancos”, que según se contaba, solian aparecerse por las noches a quienes regresaban tardiamente a su hogar , debiendo para el caso cruzar los caminos a los que solo la tenue luz de la luna alumbraba en los cuales tambien podia encontrarse con la famosa “ Gallina con pollitos”, o en el peor de los casos con el mismisimo “Satanas” . Para que decir del “Caballo Negro” encabritado o  el “Gran Perro” de ojos rojos centelleantes, que se aparecian generalmente al cruzar los puentes de canales o acequias provocando que a mas de un cristiano se le ensuciaran los pantalones…

 

Tantas y tantas historias que quedaron para siempre en la memoria de los que como yo, tuvieron el privilegio de conocer el antiguo campo chileno, ese del alumbrado con velas o “chonchones”, ese del agua de pozo, pero no de pozo construido, sino de pozo solamente cavado en la tierra y lleno del agua de vertientes cordilleranas, agua limpia que podia beberse sin hervir.

 

Añoro las historias narradas por mi abuelita Paula Alvarado en el pueblo de Codegua, mas precisamente en “La Estancilla”, en esas noches infantiles de quedarse en la vieja cocina construida solo de quinchos, cenando a la luz del chonchon, temiendo que al momento de tener que ir a acostarnos con mis hermanos, algun tue-tue nos saliera a cantar, ya que la casa se encontraba alejada de lo que era la cocina.

 

El terror que por mi parte sentia al tener que caminar en la mas completa obscuridad hacia la tenue luz de una vela encendida en el dormitorio, que nos guiaba con su tintilar hacia la seguridad de la casa, debiendo pasar por el tablón de la acequia y acompañados por los ojos brillantes de los perros de mi abuelita.

 

Tantos buenos y emocionantes  recuerdos que propiciaron en mi el gusto por las cosas inexplicables, como esa vez en que amanecieron todos los patos del corral muertos y agusanados como si entre su muerte y esa mañana hubieran transcurrido varios dias, o como cuando en la noche comenzaron a caer desde el techo de la habitación cientos de insectos semejantes a coleopteros los que eran quemados con la esperma de la velas por mi papa, mi mama y mi abuelita, solo para descubrir al dia siguiente que no existia rastro alguno de lo acontecido la noche anterior.

 

Esas noches de miedo infantil, de “apariciones”, de  “martes hoy, martes mañana”, del “mandinga” y un sin fin de cosas extrañas, sellaron para siempre mi temperamento, junto a otras  experiencias mas citadinas que les contare mas adelante.

 

Por ahora quedemonos con la añoranza de lo que fue, de lo que ya no volverá, de nuestra inocencia infantil y porque no decirlo tambien de la candidez de nuestra antigua gente de campo, de esa que “creía” sin tener que investigar en Internet. 
Quiza de un tiempo que fue mejor…
Elena Garcés.

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