Los Criterios de la Iglesia Católica para determinar una posesión diabólica

28.04.2013 15:56

 

Recientemente se clausuró en Roma un curso sobre exorcismo y satanismo organizado por la Universidad Regina Apostolorum y con el patrocinio de las Congregaciones del Culto Divino y del Clero. Objetivo: incrementar la formación de personas ya formadas y con experiencia, en un «combate espiritual» del que, según Marvin Mottet, exorcista oficial de la diócesis de Davenport (Iowa, Estados Unidos), «hemos perdido la noción».
 
Monseñor Mottet tiene ochenta años y está retirado de todo menos de su lucha contra el demonio. Afirma que se encuentra con un caso «serio» de posesión al menos una vez al mes, pero que ve a diario numerosos casos de personas afectadas de una u otra forma -la mayoría, mediante casos claros de tentación- por el ataque de Satanás.
 
Además de profundizar en la naturaleza de la posesión y en las armas contra ella (los sacramentos y la oración, sobre todo el Santo Rosario, se señaló en el curso) con la ayuda de psiquiatras y psicólogos que colaboran con los párrocos en el discernimiento de cada caso, los sesenta participantes estudiaron el crecimiento de las sectas satánicas, su estructura y su forma de actuación.
 
Carol Glatz, que cubrió el acto para la agencia CNS, cuenta en su despacho que con los casos que se comentaron en los descansos y en los pasillos daba para bastantes películas del género.
 
Pero son la excepción. Monseñor Mottet, de hecho, recomendó que no se sobrecargase de trabajo a los exorcistas para que tuviesen tiempo para los casos más difíciles. Uno de los objetivos del curso era impartir a los párrocos conocimientos suficientes para tratar aquellos otros en los que el demonio está de una u otra forma presente, sin llegar a la posesión en sentido estricto.
 
Una de las intervenciones más interesantes fue la del padre Gabriele Nanni, exorcista de la diócesis de Teramo (Italia), experto en la historia del rito. El cual no debe verse, subrayó, como una «fórmula mágica», porque es sólo el instrumento para que actúe quien verdaderamente lo hace: la misericordia de Dios. «El poder reside en el nombre de Jesús, no en tu voz», advirtió.
 
El padre Nanni aportó una explicación a uno de los grande misterios de la posesión diabólica: ¿por qué el diablo «pierde su tiempo» con nosotros, al fin y al cabo criaturas inferiores a él por naturaleza?
 
La razón es que «nos necesita. Es como un coche de lujo que se queda sin gasolina, o como un aparato que se queda sin pilas. A través de nuestros pecados nos utiliza como batería para recargarse».
 
De hecho, sostuvo, si el diablo parece tener hoy más poder que nunca, es porque hay más pecados que nunca. El franciscano John Farao, capellán de prisiones en la diócesis de Monterrey (California, Estados Unidos), muy permeable al auge de las sectas en México, dijo en este sentido que «no hay un espacio neutral entre la luz y las tinieblas: si abandonas la luz, abres la puerta a las tinieblas».
 
«Incluso los católicos», añadió el padre Farao, «tienen miedo de creer que el demonio pueda intervenir seriamente en sus vidas. Pocos quieren enfrentarse al hecho de que existe una batalla espiritual que librar. La gente no quiere líos».
 
La mayor parte de quienes le escuchaban saben, por experiencia propia y no precisamente agradable, que «los líos» existen… y a veces son bastante peores que en las películas.
 
 
Escena de un exorcismo real, tomada de un canal italiano de TV
 
 
++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++
 
 
 

El exorcista Samaan realiza un exorcismo en la iglesia de San Simeón

 

 
Dicen que la fe mueve montañas. Los cristianos egipcios presumen de que su fervor deslizó Muqattam, una colina de piel árida y cuarteada, hasta el extremo sureste de El Cairo. Mil años después de tan extraordinario milagro, una procesión de ‘endemoniados’ desfila hasta las faldas de la sierra para liberarse de Lucifer.
 
Horadada en su roca, la iglesia de San Simeón reúne cada jueves a varios miles de fieles cristianos y musulmanes ávidos de redención. La ruta que conduce al purgatorio atraviesa la existencia infernal del barrio de los basureros. En sus calles polvorientas y oscuras, las ratas merodean entre toneladas de desechos apilados a las puertas de las viviendas.
 
El padre Samaan levantó el templo en los años 90 y desde entonces libra entre sus muros su particular guerra contra los estragos de Satanás. La ceremonia semanal es una sucesión de cánticos y plegarias interrumpidos a menudo por los espeluznantes alaridos de los hechizados que pueblan los primeros bancos. “El cura tiene en su cuerpo el espíritu de Jesucristro. Yo vine una vez porque me dolían los ojos y él me sanó con aceite”, cuenta a ELMUNDO.es Um Ashraf, una cristiana que arrasta a sus 57 años un cuerpo ajado.
 
Con sotana negra y luengas barbas, “baba” Samaan -como le llama su batallón de seguidores- es uno de los más reputados exorcistas del país árabe. Con la promesa de la curación, los peregrinos recorren cientos de kilómetros. En una ocasión una musulmana viajó desde Siria en busca de la salvación de su hija discapacitada. Según sus fieles, el sacerdote resuelve cada año cientos de casos de posesiones demoníacas.