LO QUE ESTE LIBRO QUIERE PROBAR...

22.05.2013 22:54
LO QUE ESTE LIBRO QUIERE PROBAR
 
1.         Que la Tierra es hueca y no una sólida esfera como se suele suponer, y que su interior hueco se comunica con la superficie a través de dos aberturas polares.
 
2.         Que las observaciones y los descubrimientos del Contralmirante Richard E. Byrd de la Armada de los Estados Unidos, el primero en entrar por las aberturas polares —lo que realizó por un trayecto total de 6.450 kilómetros en el Ártico y Antartico— confirman la veracidad de nuestra teoría revolucionaria de la estructura de la Tierra, así como lo comprueban las observaciones de otros exploradores del Ártico.
 
3.         Que, en concordancia con nuestra teoría geográfica de la concavidad de la Tierra en los polos —que se abren al interior hueco— nadie ha podido llegar a los Polos Norte y Sur, porque no existen.
 
4.         Que la exploración del Nuevo Mundo desconocido, del interior de la Tierra es mucho más importante que la del espacio; y que las expediciones aéreas del Almirante Byrd muestran que tales exploraciones son factibles.
 
5.         Que la nación cuyos exploradores alcancen primero este Nuevo Mundo en el interior hueco de la tierra, se convertirá en la principal nación del mundo, pues el interior tiene una extensión mayor que la superficie terrestre. Esto se puede llevar a cabo si se recorre el mismo camino que el de los vuelos del almirante Byrd, más allá de los hipotéticos Polos Norte y Sur, y hacia adentro de las aberturas ártica y antártica.
 
6.         Que no hay razón alguna por la cual el interior hueco de la Tierra, con un clima más cálido que la superficie, no fuera el hogar de la vida de toda flora y fauna, inclusive del hombre. De ser así, es muy posible que los misteriosos platillos voladores provengan de una avanzada civilización dentro de la Tierra.
 
7.         Que, en el caso de una guerra nuclear, el interior hueco de la tierra permitiría la continuidad de la vida humana después de que la radio actividad extermine toda la vida en la superficie de la Tierra; también proporcionaría un refugio ideal para la evacuación de sobrevivientes de la catástrofe, con el fin de que la raza humana no se extinguiera por completo
 
 
El propósito de este libro es presentar evidencia científica para probar que la Tierra no es una esfera sólida con un centro inflamado de metal fundido, como se suele suponer, sino que es hueca, con aberturas en los polos. Además, en su interior hueco existe una civilización avanzada, que es la creadora de los platillos voladores.
 
La teoría de la Tierra hueca surgió de los escritos de William Reed en 1906; la amplió otro norteamericano, Marshall B. Gardner en 1920. En 1959, F. Amadeo Giannini escribió el primer libro sobre el tema después del de Gardner. En el mismo año, Ray Palmer, editor de la revista Platillos Voladores, aplicó la teoría para encontrar una explicación lógica a la cuestión del origen de los platillos voladores.   Las teorías de Reed y Gardner hallaron confirmación en las expediciones al Ártico y Antártico del Contralmirante Richard E. Byrd, en 1947 y 1956.
 
Esperamos que se realice una expedición seria de parte de una nación neutral que desee la paz, como Brasil, para explorar el Nuevo Mundo más allá de los polos y establecer contacto con la civilización avanzada que existe allí, y cuyos platillos voladores son evidencia de su superioridad con respecto a nosotros en cuanto a desarrollo científico.
 
 
Capítulo I
 
EL DESCUBRIMIENTO DEL ALMIRANTE BYRD QUE MARCÓ UNA ÉPOCA
 
El mayor descubrimiento geográfico en la historia de la humanidad.
 
“Ese Continente encantado en el Cielo. ¡Tierra del Misterio Eterno!”
“Me gustaría ver esta tierra más allá del Polo (Norte). ¡Esa área más allá del Polo es el centro del Gran Desconocido!” Contralmirante Richard E. Byrd.
 
LAS DOS CITAS anteriores son del más importante explorador de los tiempos modernos, el Contralmirante Richard E. Byrd, de la Armada de los Estados Unidos. No se les puede encontrar sentido ni comprender de acuerdo a las viejas teorías geográficas de que la tierra es una esfera sólida con un centro inflamado, en la que los dos polos son puntos fijos.
 
Si este fuera el caso, y si el Almirante Byrd voló respectivamente 2.740 y 3.710 kilómetros a través de los Polos Norte y Sur a las tierras de hielo y nieve del otro lado —cuya geografía se conoce—, resultaría incomprensible que él mencionara en su comentario este territorio como “el Gran Desconocido”. Además, no habría razón para que empleara un término como “tierra del misterio eterno”. Byrd no era poeta, y lo que describió fue lo que observó desde el avión.
 
Durante el vuelo ártico de 2.740 kilómetros más allá del Polo Norte, informó por radio que debajo de él no había hielo y nieve, sino áreas de montañas, bosques, vegetación, lagos, ríos y que veía animales extraños parecidos a los mamuts congelados encontrados en hielo ártico. Resulta evidente que había entrado en una región más cálida que el territorio de hielo que se extiende desde el Polo a Siberia. Si Byrd se hubiera referido a esta región no tendría razón para llamarla “el Gran Desconocido”, ya que se puede alcanzar con sólo atravesar el Polo de un lado de la región ártica al otro.
 
La única forma de comprender las frases enigmáticas de Byrd es descartar la concepción tradicional de la formación del planeta y considerar una, completamente nueva, que sostiene que las extremidades ártica y antártica no son convexas sino cóncavas. Por lo tanto, al ir más allá de los polos, Byrd entró en las concavidades polares. Es decir, que no cruzó los polos hacia el otro lado, sino que entró a la depresión polar, que, como veremos más adelante, se abre al interior hueco de la tierra. Tiene un clima tropical y es el hogar de plantas, animales y humanos.
 
Este es el “Gran Desconocido” al que se refería Byrd, no el área de nieve y hielo del otro lado del Polo Norte, que se extiende al norte de Siberia.
 
La nueva teoría geográfica, presentada por primera vez en este libro, explica las frases enigmáticas de Byrd y muestra que no fue un soñador, como puede parecerles a aquellos que se aferran a teorías geográficas antiguas. Había entrado a un territorio nuevo, “desconocido” porque no estaba en ningún mapa, porque todos los mapas fueron hechos sobre la base de la creencia de que la tierra es esférica y sólida.
 
Ya que casi todas las tierras en esa esfera sólida fueron exploradas y registradas por los exploradores polares, no había lugar para el territorio descubierto por el Almirante Byrd: ¡un área tan grande como América del Norte!, que él llamó el Gran Desconocido.
 
Este misterio sólo se puede resolver si aceptamos el concepto básico de la formación de la tierra presentado en este libro y apoyado por las observaciones de los exploradores árticos, que se citarán en este trabajo. De acuerdo a este concepto revolucionario, la tierra no es una esfera sólida, sino que es hueca, con aberturas en los polos. El Almirante Byrd entró por ellas por una distancia de 6.450 kilómetros durante sus expediciones ártica y antártica de 1947 y 1956.
 
El “Gran Desconocido” al que se refería Byrd era la extensión sin hielo dentro de las concavidades polares, abiertas al interior hueco de la tierra. Si este concepto es acertado, como trataremos de probar, los Polos Norte y Sur no existen, ya que estarían ubicados en el aire, en el centro de las aberturas polares, y no en la superficie terrestre.
 
Esta visión se presentó por primera vez en un libro llamado Phantom ofthe Potes (Fantasma de los Polos), de William Reed, publicado en 1906, poco tiempo después de que el Almirante Peary afirmó descubrir el Polo Norte y luego lo negó. En 1920, se publicó otro libro, escrito por Marshall Gardner, llamado A Journey to the Earth’s Interior or Have the Poles Really Been Discovered? (Un viaje al interior de la Tierra o ¿los polos de veras fueron descubiertos?), que reclamaba la autoría de la misma teoría.
 
Resulta curioso que Gardner no tuviera conocimiento alguno del libro de Reed y llegara a sus conclusiones en forma independiente. Ambos decían que la Tierra es hueca, con aberturas en los polos y que, en su interior, vive una vasta población de millones de habitantes, que conforman una civilización avanzada. Es probable que este sea el “Gran Desconocido” al que hacía referencia Byrd.
 
Una vez más, aclararé que Byrd no pudo tener en mente ninguna parte de la superficie conocida de la tierra cuando dijo estas palabras, sino que habló de una área de tierra desconocida, libre de hielo y nieve, con vegetación, bosques y vida animal, que no existe en ningún lado en la superficie terrestre, sino dentro de la depresión polar, y que recibe el calor del interior hueco, donde hay temperaturas más altas que en la superficie con la que está comunicada. Sólo en base a este concepto, entenderemos los comentarios de Byrd.
 
En enero de 1956, el Almirante dirigió otra expedición al Antártico, donde penetró 3.700 kilómetros más allá del Polo Sur. El anuncio por radio de ese momento (13 de enero de 1956) fue: “El 13 de enero, miembros de la expedición de los Estados Unidos penetraron en una extensión de 3.700 kilómetros más allá del Polo. El aviador era el Contralmirante George Dufek de la Unidad Aeronaval de los Estados Unidos.”
 
La palabra “más allá” es muy significativa y resultará incomprensible para aquellos que creen en la antigua concepción de que la tierra es sólida. Para ellos, significaría la región del otro lado del continente antártico y el océano que queda más allá, no un “vasto territorio nuevo” —que no está en ningún mapa— ni sería “la más importante expedición de la historia del mundo”.
 
La geografía de la Antártida es bastante conocida, y el Almirante Byrd no agregó nada significativo al conocimiento sobre este continente. Si este fuera el caso, ¿por qué hizo comentarios tan descabellados y faltos de pruebas, en especial si tomamos en cuenta su posición como contralmirante de la Armada de los Estados Unidos y su reputación de gran explorador? Este enigma se resuelve cuando comprendemos la nueva teoría de la Tierra Hueca, que es la única manera de encontrar sentido en las palabras del Almirante Byrd y no considerarlo un visionario que vio espejismos en las regiones polares o los imaginó.
 
Después de volver de la expedición antártica el 13 de marzo de 1956, Byrd comentó: “La presente expedición ha abierto una vasta tierra nueva”. La palabra “tierra” es significativa. No se pudo referir a alguna parte del continente antártico, ya que ninguna consiste en “tierra”, sino hielo. Además, la geografía es conocida, y Byrd no hizo ningún aporte, como otros exploradores que dejaron sus nombres como recuerdos en la geografía de esta región.
 
Si Byrd hubiera descubierto una vasta área nueva en la Antártida, la habría reclamado para el gobierno de los Estados Unidos, y la región llevaría su nombre, como lo habría llevado el territorio que habría cubierto con el vuelo de 2.740 kilómetros entre el Polo y Siberia, si éste hubiera estado en la superficie terrestre. Sin embargo, no se acredita tal logro al gran explorador y su nombre no quedó en la geografía ártica o antártica como podría presumirse de sus palabras sobre el descubrimiento de una vasta nueva tierra.