LA TIERRA ES HUECA - ¿PUEDE USTED EXPLICAR LO QUE SIGUE?

22.05.2013 23:15

 

Más tarde, en marzo de 1958, en Missouri, este autor se dirigió a la audiencia radial, comentando la importancia del descubrimiento de la tierra más allá de los puntos imaginarios del Polo Norte de acuerdo a la historia arcaica.”
 
Los siguientes son comentarios de Giannini, que aparecían en los periódicos de Nueva York, con respecto a los informes del vuelo del Almirante Byrd en febrero de 1947: “Estas declaraciones describieron el vuelo de 2.740 kilómetros de Byrd, que duró siete horas, sobre tierra y lagos de agua dulce MAS ALLÁ del presunto ‘final’ de la tierra, el Polo Norte. Los mensajes se intensificaron hasta que una censura estricta se impuso desde Washington.”
 
Otro escritor estadounidense especializado en temas de platillos voladores, Michael X, se sintió conmovido por los descubrimientos de Byrd y llegó a la conclusión de que los platillos voladores deben provenir de una civilización avanzada del interior de la tierra, cuya periferia visitó Byrd. El describe el viaje de Byrd de la siguiente manera: “Había un valle extraño debajo de ellos. Por alguna extraña razón, el valle que Byrd vio no estaba cubierto de hielo como era de esperar.
 
Era verde y frondoso; tenía montañas con bosques llenos de árboles y hierba y maleza. Esto era un misterio en una tierra de hielo y nieve, casi siempre congelada. Cuando el Almirante Byrd entró en este país desconocido, ‘el centro del gran desconocido’, ¿dónde se encontraba? De acuerdo a la teoría de Marshall Gardner, estaba en la entrada que lleva al interior de la tierra, más allá del Polo. Tanto Alaska como Canadá han tenido muchísimas visiones de platillos voladores en los últimos meses. ¿A qué se deben? ¿Existe alguna conexión con la tierra ‘más allá del polo’, ese territorio desconocido dentro de la tierra? Tiene que existir una conexión.
 
Si los platillos voladores entran y salen del interior de la tierra a través de las aberturas polares, es natural que los habitantes de Alaska y Canadá los vean con más frecuencia que personas de otras partes del mundo. Ambos países quedan cerca del Polo Norte.”
 
Las observaciones anteriores sobre una concentración de platillos voladores en la región ártica concuerda con observaciones similares de Jarrold y Bender sobre una concentración en el Antártico, donde expertos en el tema creen que existe una base de aterrizaje, de donde son vistos al ascender y al regresar. Sin embargo, de acuerdo a la teoría de este libro, lo que de veras ocurre tanto en el Ártico como en el Antártico es que los platillos voladores emergen de y reingresan al interior hueco de la tierra, su verdadero lugar de origen.
 
Aime Michel, en su teoría de “línea recta”, probó que la mayoría de los patrones de vuelo de los platillos voladores son en dirección norte-sur, que sería el caso si su origen fuera polar. Vendrían de la abertura polar norte o sur.
 
En febrero de 1947, alrededor de la época en que el Almirante Byrd hizo su gran descubrimiento de la tierra más allá del Polo Norte, se realizó otro gran descubrimiento en el continente antártico: el “Oasis de Bunger”. El descubrimiento fue del Teniente Comandante David Bunger, que estaba en los controles de los seis grandes aviones de transporte utilizados por el almirante Byrd para la “Operación salto alto” de la Armada de los Estados Unidos entre 1946 y 1947.
 
Bunger volaba hacia el interior desde Shack-leton Ice Shelf cerca de la Costa Queen Mary de Wükes Land. El y su equipo estaban a seis kilómetros de la costa donde empieza el mar abierto. La tierra descubierta por Bunger no tenía hielo. Los lagos eran de muchos colores diferentes, por ejemplo el color del óxido, verde y azul profundo. Cada uno tenía más de cinco kilómetros de largo. Bunger “acuatizó” en uno de ellos y comprobó que el agua era más cálida que la del océano. Cada lago tenía una playa con una leve inclinación.
 
Alrededor de los cuatro límites del oasis, de forma aproximadamente cuadrada, vio nieve y hielo que seguían hasta el horizonte. Dos de los lados del oasis se elevaban casi 30 metros y consistían en grandes paredes de hielo. Los otros dos lados tenían una inclinación más gradual y suave.
 
La existencia de un oasis semejante en la Antártida lejana, una tierra de hielo perpetuo, indica condiciones más cálidas, que se darían si el oasis estuviera en la abertura del Polo Sur, que da al territorio interno, de condiciones más cálidas. Este era el caso del territorio cálido, de tierra y lagos, que descubrió Byrd más allá del Polo Norte. (Es probable que estuviera dentro de la abertura.) De otro modo, no se explicaría la existencia de un oasis de tierras no congeladas en el medio del continente de la Antártida, donde hay hielo con kilómetros de grosor.
 
El oasis no puede resultar de la actividad volcánica debajo de la superficie terrestre porque el área de tierra que cubría el oasis era de 500 kilómetros cuadrados, demasiado grande para obtener su provisión de calor de un volcán. Las corrientes de vientos cálidos del interior de la tierra son una mejor explicación.
 
Por lo tanto, Byrd en el Ártico y Bunger en la Antártida hicieron descubrimientos similares de áreas de tierra más allá de los polos más o menos en el mismo momento, en la primera mitad de 1947. Pero no fueron los únicos que realizaron descubrimientos semejantes. Hace algún tiempo, un periódico de Toronto, Canadá, The Globe and Maü, publicó una fotografía de un valle verde. La foto fue tomada por un aviador en la región ártica, desde el aire y sin intentar aterrizar. Era un valle hermoso con colinas verdes. El aviador debió seguir más allá del Polo Norte hasta el mismo territorio cálido que visitó el Almirante Byrd, dentro de la abertura polar. La foto se publicó en 1960.
 
Encontramos más confirmación del descubrimiento de Byrd en los informes de los individuos que afirmaban haber entrado en la abertura del Polo Norte, pues muchos exploradores del Ártico, sin darse cuenta, penetraron en el mundo subterráneo en el interior hueco de la tierra. El doctor Nephi Cottom de Los Angeles dijo que uno de sus pacientes, un hombre de ascendencia nórdica, le contó la siguiente historia:
 
“Yo vivía cerca del Círculo Ártico en Noruega. Un verano, un amigo y yo nos decidimos a ir lo más lejos posible al territorio del norte. Colocamos provisiones para un mes en un pequeño bote de pesca y, con una vela y un buen motor, salimos al mar. Al final de un mes, habíamos penetrado bastante en el norte, más allá del polo, en una extraña y nueva región. Nos sorprendimos mucho porque el clima era cálido, a veces, demasiado para dormir. (Exploradores del Ártico que llegan muy al norte hacen comentarios similares del clima, a veces tan cálido como para quitarse los abrigos.
 
El autor.) Luego vimos algo tan extraño que quedamos anonadados. Más allá de un mar calido abierto veíamos que estábamos en una gran montaña. El océano parecía vaciarse en la montaña en un punto determinado. Sin poder creerlo, seguimos en la misma dirección y navegamos hasta entrar en un vasto cañón, que llevaba al interior de la Tierra. Continuamos y tuvimos una increíble visión: ¡un sol brillaba dentro de la Tierra! El océano que nos había llevado hasta el interior hueco de la Tierra se convirtió en un río.
 
Este río recorría, como nos dimos cuenta después, todo el interior hueco de la tierra, de una punta a la otra, por la superficie interna. Si uno lo sigue, va desde el Polo Norte hasta el Sur. Vimos que la superficie interna de la tierra estaba dividida, así como la otra, en tierra y agua. Hay mucho sol y abunda tanto la vida animal como vegetal. Navegamos más y más dentro de esta tierra fantástica, la llamo así porque todo era de un tamaño inmenso en comparación con el exterior. Las plantas son grandes, los árboles gigantes, y, por último, llegamos a los gigantes. Vivían en casas y pueblos, así como lo hacemos en la superficie de la Tierra.
 
Utilizaban una forma de vehículo eléctrico, como una carreta monorriel, para transportar a las personas. Corría por el borde del río, de un pueblo a otro. Algunos de estos habitantes detectaron nuestro bote y se sorprendieron. Eran muy amistosos; nos invitaron a comer con ellos en sus casas. Así, mi compañero y yo nos separamos: él se fue con un gigante a su casa y yo con otro. Mi amigo gigante me llevó a su casa a conocer a su familia. Yo estaba asombrado por el tamaño inmenso de los objetos en su casa.
 
La mesa para comer era colosal. En mi plato, colocaron una cantidad tan abundante de comida, que me hubiera alimentado una semana. El gigante me ofreció un racimo de uvas, cada una era el tamaño de un durazno. Probé una y la hallé mucho más dulce que cualquiera que pudiera saborear en el ‘exterior’. En el interior de la tierra todas las frutas y verduras saben mucho mejor que las que tenemos en la superficie. Nos quedamos con ellos por un año. Disfrutamos tanto de su compañía, como ellos de conocernos a nosotros.
 
Observamos muchos fenómenos extraños e inusuales durante nuestra visita a estas personas increíbles. Sus avances científicos e inventos no dejaban de asombrarnos. En todo ese tiempo, jamás fueron antipáticos con nosotros, y nos permitieron retornar a nuestro hogar de la misma manera que llegamos. Es más, nos ofrecieron protección si la hubiéramos necesitado para el viaje.”
 
Otro noruego, llamado Olaf Jansen, registró una experiencia similar de una visita al interior de la tierra a través de las aberturas polares, pero totalmente independiente de la anterior, en un libro de un escritor americano, Willis George Emerson, The Smoky God. El libro se basa en un informe que Jansen le hizo al señor Emerson antes de morir, donde describe una experiencia verdadera de visitar el interior de la tierra y a sus habitantes.
El título The Smoky God (El dios que fuma) se refiere al sol central en el interior de la Tierra, que, al ser más pequeño y menos brillante que el nuestro, parece “ahumado”.
 
El libro cuenta la experiencia verdadera de un padre e hijo escandinavos que, en su pequeño bote de pesca e inmenso coraje, intentaron encontrar “la tierra más allá del viento del norte”, ya que habían oído de su calidez y belleza. Una increíble tormenta de viento los llevó la mayor parte del camino a través de la abertura polar hasta el interior hueco de la tierra. Pasaron dos años allí y volvieron por la abertura polar sur. El padre perdió la vida cuando un iceberg se partió en dos y destruyó el bote. El hijo fue rescatado.
 
Pasó 24 años recluido por demencia, como resultado de contar la historia de su experiencia a gente incrédula. Cuando por fin le permitieron salir no volvió a contar la historia a nadie. Después de 26 años como pescador ahorró suficiente dinero para viajar a los Estados Unidos y establecerse en Illinois y, luego, en California. Cuando tenía más de noventa años, por coincidencia, Willis George Emerson se convirtió en su amigo y conoció la historia. Al morir, le cedió los mapas que había hecho del interior de la tierra, y el manuscrito que describía la experiencia. Se negó a mostrárselos a nadie mientras vivía, debido a que, en el pasado, nadie le había creído y lo habían considerado demente.
 
El libro, The Smoky God, que describe el extraordinario viaje de Olaf Jansen al interior de la Tierra, se publicó en 1908. Cuenta sobre las personas que viven dentro de la Tierra, que él y su padre conocieron durante su visita, y cuyo lenguaje aprendió. El contó que vivían entre 400 y 800 años y que estaban muy adelantados en ciencia. Pueden transmitir los pensamientos de una persona a otra por medio de formas de radiación y tienen fuentes de mayor poder que la electricidad. Son creadores de los platillos voladores, que están operados por ese extraordinario poder, extraído del electromagnetismo de la atmósfera.
 
Tienen una estatura de cuatro metros o más. Es increíble la semejanza entre los relatos de esta visita y la otra, sin embargo las dos son independientes. Además, el tamaño gigante de los seres humanos que habitan en el interior de la Tierra concuerda con el de los animales que observó el Almirante Byrd (vio un animal semejante al antiguo mamut durante su viaje de 2.740 kilómetros más allá del Polo Norte). Más adelante en el libro, presentaremos la teoría de Marshall Gardner, de que los mamuts hallados en el hielo, en realidad  no son prehistóricos, sino animales inmensos del interior de la tierra que fueron llevados a la superficie por los ríos y luego congelados en el hielo formado por el agua que los transporto.