La Casa de las Caras de Belmez

29.06.2013 20:09

La Casa de las Caras de Belmez

 

 

Al entrar en su modesta cocina, una sofocante mañana de agosto de 1971, María Gómez Pereira, ama de casa española, se sobresaltó por lo que parecía ser una cara pintada en el suelo de cemento.

¿Estaba soñando o qizá se trataba de una alucinación?, se preguntó.

No, esta extraña imagen que manchaba su suelo parecía ser, sin duda, el bosquejo de una pintura, un retrato en color...

A medida que pasaron los días, la imagen se fue haciendo más precisa y las noticias de la cara misteriosa se extendieron rápidamente por el diminuto pueblo de Belmez, cerca de Córdoba, en el sur de España.

Alarmados por esta imagen inexplicable y molestos por el creciente número de curiosos, los Pereira decidieron destruir la cara; seis días después de su aparición, el hijo de María, Miguel, levantó el suelo con un pico, puso otro nuevo y la vida de los Pereira volvió a la normalidad.

Pero no por mucho tiempo.

En el plazo de una semana comenzó a surgir un nuevo rostro en el mismo lugar que el anterior.

La cara, aparentemente la de un hombre de mediana edad, era aún más detallada. Primero aparecieron los ojos y acto seguido la nariz, labios y barbilla.

Ahora ya no había forma de mantener alejados a los curiosos. Cientos de personas se alineaban cada día fuera de la casa, pidiendo ver lo que se había dado en llamar la Casa de las Caras.

Tuvieron que recurrir a la Policía para que controlase a la muchedumbre. Al extenderse la noticia del suceso, se decidió que había que preservar la efigie; la arrancaron cuidadosamente del suelo, la enmarcaron detrás de un cristal y la colgaron junto a la chimenea de los Pereira.

Antes de que se reparase el suelo, los investigadores excavaron el lugar y encontraron algunos huesos humanos a unos dos metros y medio de profundidad.

Algunos dedujeron que los rostros que habían aparecido eran los rostros de los muertos.

Sin embargo, otros no quedaron satisfechos con esta explicación, porque era bien sabido que la mayoría de las casas de esa calle habían sido levantadas sobre un antigui cementerio, aunque solo la de los Pereira se había visto afectada por las caras misteriosas.

Dos semanas después de haber reparado nuevamente el suelo de la cocina, apareció otra imagen, a la que siguió otra dos semanas más tarde, una cuarta: un rostro femenino...

Alrededor de ésta, surgieron otras muchas de menor tamaño; los observadores contaron entre nueve y dieciocho.

Con el transcurso de los años, los rostros cambiaron de forma y algunos se desvanecieron, pero a principios de los años 80 comenzaron a aparecer más.

¿Qué o quién creaba las caras fantasmales en el suelo de esta humilde casa?

Al menos uno de los investigadores insinuó que las imágenes fueron realizadas por un miembro de la familia Pereira con objeto de gastar una broma, aunque el asunto se le habría ido de las manos.

Pero algunos químicos que examinaron el cemento, dijeron que estaban desconcertados por el fenómeno.

Tanto científicos como profesores universitarios, parapsicólogos, policías, sacerdotes y otros, han investigado cuidadosamente las imágenes aparecidas en el suelo de la cocina de María Gómez Pereira, pero no han conseguido explicar de forma concluyente, cómo llegaron allí los rostros.