Espíritus de amantes eliminados por Catalina de Los Ríos y Lisperguer asustan en "La Plaza de las Agustinas"

18.04.2013 16:05

 

 
 Espíritus de amantes eliminados por Catalina de Los Ríos y Lisperguer
 
 asustan en  "La Plaza de las Agustinas"
 
 
 
 
ÁNIMAS LÚDICAS: El restorán tiene túneles bloqueados con concreto que comunican con la Iglesia Las Agustinas, ubicada frente al local que está construido sobre una antigua caballeriza de la malvada heredera del valle de La Ligua. Gritan como si la hacendada los estuviera azotando...
 
 
Tener amantes y seducirlos en lugares estratégicos es historia antigua para algunas féminas. La Quintrala, en el siglo XVII, llevaba a los sementales a una de sus caballerizas, donde les seducía hasta calmar su apetito sexual.
 
 
Según los libros de historia, Catalina de Los Ríos y Lisperguer asesinó a más de 40 personas en sus intensos 61 años de vida. Muchas de las malogradas víctimas fueron esclavos e indígenas que "La Quintrala" eliminaba al mejor estilo de una viuda negra.
 
 
Gemidos
 
 
El bodeguero Marcelo Sánchez (42) trabaja hace 20 años en el restorán La Plaza de las Agustinas y contó que el lugar fue construido sobre la caballeriza de la rica heredera de los valles de La Ligua y Longotoma.
 
 
El local, con más de 50 años de trayectoria, se llamaba antes El Pollo Dorado y está en Estado 215, en pleno Santiago.
 
 
Según Sánchez, el sitio está repleto de ánimas que cada cierto tiempo apagan las luces, mueven las copas, gimen como si La Quintrala los azotara y se toman los restos de chichón.
 
 
"Los entendidos dicen que acá La Quintrala mataba a los sirvientes con los que tenía intimidad. Por eso que hay almas que todavía no descansan y están presentes", dijo.
 
 
Debido a su trabajo el bodeguero debe almacenar productos hasta bien entrada la noche, por lo que ha sido testigo muchas veces del fenómeno paranormal. "Son espíritus que mueven cosas o hacen ruidos. Son bien juguetones y a veces se siente que caminan, corren o hacen sonar un manojo de llaves", agregó.
 
 
La portera Rosita Aguilera (45) contó que una vez "sentí una mano que me empujaba la cabeza hacia abajo... y no había nadie. Me dio escalofríos. Casi me muero del espanto".
 
 
Sangre
 
 
La sicóloga y clarividente Carmen Cancino indicó que al estudiar el sitio escuchó gemidos de dolor y llantos. "También bajan y suben escaleras. Esto además fue lavandería, por eso se escucha agua. La grasa en la cocina se vuelve rojiza como si fuera sangre", sostuvo...