EL ORIGEN SUBTERRÁNEO DE LOS PLATILLOS VOLADORES

23.05.2013 18:47

 

Sobre este tema, Fitch escribe: “Dicen que vienen de otros planetas, pero lo dudamos”. El considera que es una mentira sin malicia, para impedir que gobiernos militaristas se enteren de que en el lado opuesto de la corteza terrestre —al cual se accede a través de las aberturas polares— existe una civilización avanzada, cuyos logros científicos superan en mucho los nuestros. De esta manera, se protegen de molestias o una posible guerra entre las razas subterránea y la de la superficie.
 
Fitch concuerda con Palmer en que los platillos voladores no son “naves espaciales”, como dice Adamski, ni sus pilotos son “hombres espaciales”. Son vehículos para viajes atmosféricos, que provienen del interior hueco de la tierra, donde vuelan y conectan diversas zonas del mundo cóncavo, subterráneo, con las demás.
Su plan de salvar a la humanidad —y a sí mismos— fracasó. A pesar de toda la evidencia innegable de su existencia en poder de las Fuerzas armadas de los Estados Unidos, en vez de reconocer y admitir tal existencia, como raza superior que venía para instruirnos, ayudarnos e impedir que cometiéramos suicidio nuclear, los líderes del gobierno se negaron a creer en su realidad.
 
Y por supuesto, como se duda de su existencia, no se realizó ningún esfuerzo por cooperar con su plan de evitar una catástrofe mundial y la destrucción por radiación de la raza humana (en curso en la actualidad, en la forma de residuos radioactivos que han alcanzado un nivel peligroso en el hemisferio norte, de acuerdo a las mediciones recientes de un científico italiano en Roma). En lugar de respetar a estos seres superiores que poseían un desarrollo científico mucho mayor que el nuestro, como lo demuestra la superioridad de su aeronave (platillos voladores), en vez de recibirlos de manera amistosa, cuando uno de esos platillos se acercaba a un campo militar de los Estados Unidos se enviaban aviones a perseguirlos con las instrucciones de dispararles para que cayeran y así poder descubrir el secreto de la construcción de las naves y fuente de poder.
 
En el famoso incidente del “Capitán Mandell”, él persiguió a un platillo volador que apareció cerca de un aeropuerto militar mientras subía cada vez más, hasta que su avión explotó en forma misteriosa. Desilusionados con sus esfuerzos de establecer contacto amistoso con la humanidad de la superficie, los jefes de las flotas de platillos voladores que aparecieron en nuestro cielo después de 1945 —y continuaron llegando en grandes cantidades hasta unos años después— dejaron de enviar tantas naves como cuando tenían esperanzas de ser nuestros amigos y convencernos de desistir de más experimentación y explosiones atómicas y de fabricar bombas.
 
La cantidad de platillos voladores que quedaron en nuestra atmósfera fueron pocos, como hoy en día. Es probable que los pocos que permanecen aquí lo hagan con el fin de tomar medidas de los residuos radioactivos y la contaminación atmosférica, que luego comunican a los científicos de su base subterránea.
 
Existen muchos otros argumentos en contra de la hipótesis interplanetaria del origen de los platillos voladores. Esta teoría no explica cómo, en condiciones geológicas, químicas, atmosféricas, gravitacionales, climáticas y geográficas completamente diferentes, planetas a millones o miles de miles de millones de kilómetros de distancia, pertenecientes a otros sistemas solares, podrían haberse desarrollado seres humanos tan iguales a nosotros en estructura, apariencia, vestimenta, costumbres, lenguaje, acento e ideas, como los “venusianos”, quienes Adamski sostiene que conoció en una “nave principal”, o “nave espacial”, que visitó.
 
El hecho de que esta gente no sólo se parece a nosotros, sino que tiene la misma estatura y hasta hablan con un acento (en muchos casos, un acento alemán), parece extraño si vienen de otro planeta. Parece mucho más probable que hayan venido originalmente de la superficie de la tierra, logrado acceso al mundo subterráneo y estén empleados como pilotos, por autoridades subterráneas que los enviaron a nosotros.
 
Si vinieran de otros planetas o sistemas solares, sería improbable que se parecieran y hablaran en forma tan parecida a nosotros. La mayoría de los escritores de ciencia ficción imaginan a los habitantes de otros planetas como muy diferentes en su estructura. H. G. Wells, en Warofthe Worlds, imaginó a los marcianos como monstruos mecánicos. Sería una extraña coincidencia que otros planetas desarrollaran formas de vida tan idénticas a las nuestras, como son los pilotos de los platillos voladores, según aquellos que los conocieron. En cuanto a los “pequeños hombres” hallados en los platillos voladores, es probable que sean enanos subterráneos, empleados por la raza dominante, que los crió como pilotos.
 
Si las personas vistas en los platillos voladores fueran miembros de nuestra propia raza (en especial alemanes, ya que tantos pueden hablar alemán, lo cual sería extraño si vinieran de otro sistema solar o planeta), empleados como pilotos, es probable que sus comandantes les hubieran indicado no revelar el secreto del origen de los platillos voladores, porque el área de tierra del Nuevo Mundo en el interior hueco de la tierra es mayor que el de la superficie, donde tenemos más terreno cubierto por océanos.
 
Si los gobiernos militaristas se enteraran de esto, se apresurarían a enviar sus aeronaves por las aberturas polares para reclamarlo como propio, así como los gobiernos de Europa hicieron con América en cuanto Colón descubrió el nuevo continente.
Si determinados gobiernos ambiciosos de la superficie buscaran apropiarse este nuevo territorio de clima ideal por la fuerza, si enviaran expediciones equipadas con armas nucleares, la población subterránea (superior a nosotros) se vería obligada a defenderse por medio de sus “rayos de la muerte”. Son de una fuerza mucho más poderosa que la energía atómica, capaz de producir la desintegración y desmaterialización atómica de los invasores y sus armas. Preferirían evitar una catástrofe semejante dado que son pacifistas y detestan la guerra.
Por esta razón, ellos deseaban mantener en secreto la existencia del mundo subterráneo.
 
Quisieron evitar que invasores del exterior molestaran a sus habitantes. Esta es la causa de que los pilotos de los platillos voladores estuvieran instruidos para simular que venían de otros planetas y que eran “hombres espaciales”. En el caso de ser contactados, podrían mantener el secreto de que provenían del interior de la tierra. A Adamski y otros que afirmaron tener contacto con ellos, los engañó la idea falsa de que los viajantes de los platillos voladores venían de otros planetas.
Si los principales gobiernos se olvidaran de la carrera espacial y enviaran ejércitos armados de rompehielos, dirigibles y aeronaves, para penetrar lo más lejos posible en las aberturas polares, en poco tiempo se establecería contacto entre la raza superior dentro de la tierra y la menos avanzada del exterior, trabada en un barbarismo mecanizado, siempre empeñada en la guerra.
 
Sin embargo, los gobiernos militaristas no merecen establecer contacto con seres humanos semejantes, superiores, que probablemente utilizarían sus radiaciones poderosas, capaces de la desmaterialización, para impedir la invasión de visitantes no deseados y peligrosos. Ya que vinieron de la Atlántida, que tenía una civilización mucho más avanzada que la nuestra hace más de 11.500 años —y durante muchos miles de años antes— esta raza antigua tiene un desarrollo científico tanto más avanzado con respecto al nuestro, cuanto el nuestro lo es con el de los hotentotes.
 
En comparación con el pueblo superior subterráneo, los habitantes de la superficie son bárbaros, y su “civilización” orgullosa es un estado de barbarismo mecanizado. Hasta que no aprendan a dejar la guerra a un lado para siempre; hasta que no destruyan y entierren todas las armas nucleares, y establezcan un gobierno mundial, una corte mundial y una fuerza policial mundial; hasta que no reorganicen su sistema económico y financiero sobre la base de la igualdad y la justicia, no serán merecedores de contactar a los habitantes del mundo subterráneo, con un nivel científico e intelectual y un desarrollo moral muy superiores a los de los habitantes de la superficie.
 
 
Capítulo VIII
 
DESCRIPCIÓN DE UNA EXPEDICIÓN AÉREA TEÓRICA A LA ABERTURA POLAR QUE CONDUCE AL INTERIOR HUECO DE LA TIERRA
 
Marshall B. Gardner termina su libro con la descripción de una expedición teórica cuando se acerca a la abertura polar, entra y llega al paraíso tropical en el interior hueco de la tierra. El objetivo era alentar a algún gobierno a llevar a cabo una expedición así.
 
El 15 de setiembre de 1959, un rompehielos atómico soviético zarpó, supuestamente con el propósito de alcanzar el Polo Norte, a través del hielo. “¿Qué mejor manera de viajar puede haber para llegar a esa ‘tierra desconocida’ más allá del polo, que se extiende miles y miles de kilómetros?”, pregunta Ray Palmer. Agrega: “Aquí, tenemos una nave que puede recorrer 64.500 kilómetros. Puede ir a cualquier lado sin peligro de quedarse estancada por falta de combustible.
 
Está adecuada a la perfección para pasar la barrera de hielo del océano congelado que siempre ha sido la ‘pared’ entre el mundo conocido y aquel desconocido, que el Almirante Byrd probó, sin lugar a duda, que existía. Una vez que se pasara el océano de hielo y se llegara a un océano templado, la nave es apta para explorar el corazón de esa área desconocida, siempre que haya agua. Podría ser que los rusos no estén enterados del descubrimiento del Almirante Byrd, y que el rompehielos no vaya ‘más allá’ del polo”.
 
El 13 de enero de 1956, el Almirante Byrd comandó una expedición aérea de la Armada de los Estados Unidos en un vuelo de 4.350 kilómetros de la base de McMurdo Sound, 645 kilómetros al oeste de la abertura del Polo Sur, y penetró 3.700 kilómetros más allá del Polo en la Abertura Polar Sur, que conduce al interior hueco de la tierra. Esta fue la primera vez en la historia que los miembros de la humanidad, habitantes de la superficie de la tierra, penetraban tanto en el interior de la misma.
 
Describiremos ahora un viaje teórico a través de la abertura polar del sur hasta el Nuevo Mundo que se encuentra más allá. El mejor vehículo aéreo para este propósito sería un dirigible (zepelin), que tiene muchas ventajas con respecto al aeroplano. Si llegara a quedarse sin combustible en este largo viaje, podría pedir ayuda por radio sin riesgo de estrellarse. La primera parada sería Tierra del Fuego en el extremo de América del Sur, cerca de la Antártida. Allí, se reabastecería de combustible.
 
Luego, la expedición viajaría en línea recta hacia el sur y después de pasar los 90 grados de latitud sur, procedería en la misma dirección, sin importar las excentricidades de la brújula. A su tiempo dejaría atrás el hielo y entraría en un territorio de flora y fauna, como hizo el Almirante Byrd cuando viajó 2.300 kilómetros más allá del Polo Norte. La expedición podría fotografiar la vida animal y vegetal si volara lo suficientemente bajo.
A medida que la expedición avanzara en la abertura polar, después de la caída del sol, se observaría un brillo en el cielo, como un anillo que cubre el horizonte visible, formado por la aurora que aparece como haces de luz en diseños fantásticos.
 
Estas luces resultan del reflejo del sol central en el estrato superior de la atmósfera, iluminado en un área inmensa por rayos divergentes. A medida que la expedición avanzara, las imágenes de la aurora se volverían más y más brillantes.