EL ORIGEN SUBTERRÁNEO DE LOS PLATILLOS VOLADORES

23.05.2013 18:36

 

Capítulo VII
 
EL ORIGEN SUBTERRÁNEO DE LOS PLATILLOS VOLADORES
 
Evidencia de que provienen del interior hueco de la Tierra
 
La concepción presentada en este libro, de que la tierra es hueca, conforma la teoría más razonable acerca del origen de los platillos voladores, mucho más lógica que creer en el origen interplanetario. Por esta razón los expertos más destacados en platillos voladores, como Ray Palmer, editor de la revista Flying Saucera, y Gray Barker, un conocido escritor del tema, han aceptado la teoría del origen subterráneo contra la idea de que provienen de otros planetas. Esta teoría se originó en Brasil y luego la aceptaron expertos estadounidenses en platillos voladores.
 
En 1957, mientras revisaba material en una librería en Sao Paulo, Brasil, este autor encontró un libro de O. C. Huguenin, que le llamó la atención. Se llama From the Súbterranean World to the Sky: Flying Saucers. La tesis del libro sostiene que los platillos voladores no son naves espaciales de otros planetas, sino que son de origen terrestre y provienen de una raza subterránea que habita el interior de la Tierra. En un principio este autor no pudo aceptar esta extraña y poco ortodoxa teoría con respecto al origen de los platillos voladores. Parecía improbable e imposible, y que requeriría la existencia de una cavidad de increíble tamaño dentro de la tierra, donde pudieran volar a una impresionante velocidad.
 
Es más, esta cavidad debería ser tan grande como para hacer que la tierra fuera una esfera hueca. En ese momento, este autor aún no había tomado contacto con los increíbles libros de William Reed y Marshall B. Gardner, que se basan en la evidencia de los exploradores árticos para probar que la tierra es hueca con aberturas en los polos y un diámetro de 9.350 kilómetros en el interior, lo suficientemente grande para que los platillos voladores puedan volar allí.
 
Sin embargo, la teoría de Huguénin sobre el origen subterráneo de los platillos voladores no era original. El primero en manifestar esta idea fue el profesor Henrique José de Souza, presidente de la Sociedad Teosófica de Brasil, con oficina central en Sao Lourenco en el estado de Minas Gerais. Allí, hay un enorme templo de estilo griego, dedicado a “Agharta”, la palabra budista para ‘mundo subterráneo’. Entre los alumnos del profesor en Sao Lourenco, estaba el señor Huguénin y el Comandante Paulo Justino Strauss, oficial de la Armada brasileña y miembro de la Sociedad Teosófica de Brasil.
 
Se enteraron, por él, del mundo subterráneo y tomaron contacto con la idea de que aquel es el origen de los platillos voladores. Por esta razón, el señor Huguénin dedicó su libro al profesor Souza y su esposa, D. Helena Jefferson de Souza.
 
Mientras Huguenin incorporaba la idea del origen subterráneo de los platillos voladores en su libro, el Comandante Strauss presentó una serie de charlas en Rio de Janeiro, en las que afirmó que los platillos voladores son de origen terrestre, pero que no provienen de ninguna nación conocida en la superficie terrestre. El cree que se originan en el mundo subterráneo, el mundo de “Agharta”, cuya capital es conocida como “Shamballah”.
 
En el libro, Huguenin presenta los puntos de vista de Strauss sobre el origen subterráneo de los platillos voladores, en oposición a que provienen de otros planetas, de la siguiente manera: “La hipótesis del origen extraterrestre de los platillos voladores no parece aceptable. Otra posibilidad es que sean naves militares, pertenecientes a alguna nación existente en la tierra. Sin embargo, esta hipótesis queda descartada por los siguientes argumentos:
 
“ 1. Si los Estados Unidos y Rusia poseyeran platillos voladores, no dejarían de anunciarlo por su valor como arma psicológica, para asegurar ventajas en el campo diplomático. Además, los fabricarían y utilizarían para propósitos militares dada su rapidez y potencia, que dejaría al enemigo casi indefenso.
 
“2. Los Estados Unidos y la Unión Soviética no seguirían gastando grandes cantidades de dinero en la manufactura de aeroplanos comunes si tuvieran en su poder el secreto de cómo producir platillos voladores.”
Luego de presentar el argumento de que los platillos voladores no provienen de una nación existente y su opinión de que no son de origen interplanetario, Huguenin cita a Strauss en cuanto al origen de un mundo subterráneo.
 
Escribe lo siguiente: “Por último, debemos considerar la teoría más reciente e interesante para explicar el origen de los platillos voladores: la existencia de un gran mundo subterráneo con innumerables ciudades, donde viven millones de habitantes. Esta otra humanidad debe haber llegado a un grado muy avanzado de civilización, organización económica y social y desarrollo cultural y espiritual, junto con un progreso científico extraordinario. En comparación con ella, la humanidad que vive en la superficie de la Tierra puede parecer una raza de bárbaros. La idea de la existencia de un mundo subterráneo puede alarmar a muchos.
 
Para otros, puede sonar absurda e imposible; dicen: ‘pues, si existiera, ya habría sido descubierto hace tiempo’. Muchos otros críticos señalan que la existencia de un mundo habitado dentro de la tierra resultaría imposible debido a la creencia de que la temperatura aumenta en razón directa de la profundidad y, por ende, que el centro de la tierra es una masa de fuego. Sin embargo, este aumento de temperatura no significa que el centro de la tierra sea de fuego, ya que puede ser de una extensión limitada y surgir de las cavidades subterráneas, como los volcanes y arroyos calientes, situados en determinados niveles.
 
Debajo de éstos, la temperatura vuelve a bajar a medida que se desciende más. La hipótesis de que la temperatura aumenta con el descenso en la corteza terrestre sostiene que esto ocurre hasta una profundidad de ochenta kilómetros (en la capa superficial de la tierra).”
 
Luego Huguenin pregunta cómo habrán surgido estas maravillosas ciudades subterráneas y la civilización avanzada. Responde que los constructores y la mayoría de los habitantes del mundo subterráneo son miembros de una raza antediluviana, proveniente de los continentes prehistóricos, sumergidos, Lemuria y Atlántida, que se refugiaron allí de la inundación que destruyó sus tierras de origen. (Lemuria se hundió en el océano Pacífico hace 2500 años; Atlántida se sumergió debido a una serie de inundaciones.
 
De acuerdo a los escritos de Platón, derivados de los antiguos registros egipcios, la última ocurrió hace 11.500 años. Egipto era una colonia de Atlántida, ubicado en el este, así como lo eran en el oeste los imperios azteca, maya e inca.)
 
Huguenin sostiene que los habitantes de Atlántida, mucho más avanzados que nosotros en desarrollo científico, volaron en aeronaves con el uso de una forma de energía directamente obtenida de la atmósfera, conocida como “vimanas”, idénticas a lo que conocemos como platillos voladores. Antes de la catástrofe que destruyó Atlántida, sus habitantes hallaron refugio en el mundo subterráneo en el interior hueco de la tierra. Llegaron hasta allí con sus “vimanas”, o platillos voladores, por medio de las aberturas polares. Desde entonces, esos platillos voladores han estado en la atmósfera interior de la tierra y han sido utilizados como medio de transporte de un punto a otro del cóncavo mundo interior.
 
En aquel mundo dentro de la corteza terrestre, una línea aérea recta es la distancia más corta entre dos puntos, sin importar a qué distancia estén. Después de la explosión atómica de Hiroshima, estas aeronaves salieron a la superficie por primera vez. Se las denominó platillos voladores. Como ya señalamos, se trató de un acto de defensa personal, para impedir la contaminación radioactiva del aire que reciben de afuera.
 
Huguenin está convencido de que los platillos voladores no son naves espaciales de otros planetas, sino aeronaves de la Atlántida. A lo largo de la historia, en especial en épocas de la antigüedad, estas aeronaves surgieron en forma ocasional, y algunas figuras históricas anduvieron en ellas. De ese modo, en la épica hindú, en el Ramayana, hay una descripción de un coche celestial de Rama, el gran maestro de la India védica, conocido como vimana, un vehículo aéreo controlado. Podía volar grandes distancias.
 
La mayor velocidad que alcanzó fue en un viaje relámpago de Ceylán al monte Kailas en el Tíbet. El Mahabharata habla de que los enemigos de Khrishna construyeron un carro aéreo con costados de hierro y con alas. El Smranagana Sutrahara dice que los seres humanos pueden volar por el aire y los “seres celestiales” bajarán a la tierra por medio de naves aéreas.
 
El director de la International Academy of Sanskrit Investigation, en Mysen, India, descubrió un tratado antiguo sobre aeronáutica, escrito hace tres mil años. Es decir, que la navegación aérea existia mucho antes de que los hermanos Wright construyeran el primer avión moderno. Se cree que aquel tratado fue escrito por el sabio hindú, Bharadway, quien escribió el manuscrito llamado Vymacrika Shostra, que significa “la ciencia de la aeronáutica”. Consta de ocho capítulos con diagramas, que describen tres clases de aeronaves, inclusive aparatos incombustibles e irrompibles.
 
Menciona treinta y una partes esenciales de los vehículos y dieciséis materiales con los que se construían. Los materiales absorben luz y calor y, por eso, se consideraban adecuados para la construcción de aeroplanos. Resulta interesante notar la similitud de las palabras vyma-crika y vimanas, lo cual indica que los hindúes obtenían sus conocimientos de navegación aérea de los habitantes subterráneos de la Atlántida, que debieron visitarlos y enseñárselos en los tiempos antiguos.
 
De Brasil, donde se originó la teoría del origen subterráneo de los platillos voladores, se difundió a los Estados Unidos, donde Ray Palmer, editor de la revista Flyíng Saucers, se convirtió en su propagador entusiasta. Abandonó su anterior creencia del origen interplanetario por la de que provienen del interior hueco de la tierra. En la edición de diciembre de 1959, escribió lo siguiente: “En esta edición, presentamos los resultados de años de investigación, donde adelantamos la posibilidad de que los platillos voladores no sólo vengan de nuestro planeta —y no del espacio— sino que hay una tremenda cantidad de evidencia que muestra la existencia de un lugar desconocido de dimensiones vastas, hasta ahora sin explorar, de donde probablemente vienen y se originan los platillos voladores.”
 
Al referirse a las afirmaciones de algunos de los “contactados” por los platillos voladores de que subieron a uno y viajaron a Marte y otros planetas, Palmer dice: “Hemos leído todos los relatos de tales viajes y, en ninguna parte, pudimos hallar evidencia concreta de que se atravesó el espacio. En todos los casos, las personas pudieron estar en la ‘tierra desconocida’, descubierta por el Almirante Byrd, sin saber la diferencia. Siempre que de veras haya habido un viaje en platillo volador, los pilotos pudieron simular un viaje espacial y llevar a los pasajeros a la ‘misteriosa tierra más allá de los polos’, como la llama el Almirante Byrd”.
 
En el artículo “Saucers From Earth: A Challenge to Secrecy” de la edición de diciembre de 1959 en Flying Saucers, Palmer escribe: “La revista ha exhibido una gran cantidad de evidencia que los editores consideran irrefutable, para probar que los platillos voladores provienen del planeta tierra y que los gobiernos de más de una nación lo saben, que se realiza un esfuerzo conjunto para aprender más al respecto y para explorar la tierra de donde provienen; que los hechos que ya se conocen son de tanta importancia como para ser el secreto supremo del mundo; que el peligro es tanto, que ofrecerle pruebas a la población implica provocar pánico general; que el conocimiento público causaría una exigencia publica de acción, lo cual destruiría gobiernos incapaces —y no deseosos— de actuar; que la naturaleza inherente de los platillos voladores y su área de origen (el hueco en el interior de la tierra, al cual se llega a través de las aberturas polares.
 
El autor) destruiría el statu quo político y económico”.