EL MUNDO DEL INTERIOR DE LA TIERRA

22.05.2013 22:33

EL MUNDO DEL INTERIOR DE LA TIERRA

 
Por  Hector Antonio Picco
 
Para leer el artículo completo: http://askasis.neociencias.net/esoterica/tierrahueca/tierrahueca.htm
 
Desde hace más de noventa años -pero no más de eso-, se viene enseñando que la Tierra es una especie de bocha maciza, con una sucesión de núcleos incandescentes compuesto de silicio y hierro, otro de níquel y hierro, un manto o costra silícica, etc.. En general, una misma teoría con algunos matices. Pero esa teoría expuesta desde 1907 en cada manual escolar y en las documentales cinematográficas y televisivas, no es otra cosa que una burda teoría.
 
Y ésta afirmación no es una opinión personal, sino que para enseñar algo como una verdad absoluta e indiscutible, es necesario tener las pruebas suficientes, o por lo menos -para defender una tesis- ésta debe ser razonable desde todos los puntos de vista posible. La teoría de la tierra maciza es demostradamente imposible desde el punto de vista de la física y de la astrofísica, pues tendría una masa tal que atraería a todos los planetas del sistema, y posiblemente sería más pesada que el sol.
 
 
Pero los astrofísicos con más posibilidad de dar a conocer estas cosas al público, se hallan comprometidos con los intereses que manejan económica y políticamente al mundo. Esos intereses no desean que el hombre de esta civilización encuentre otras alternativas de vida, otras formas políticas que no estén basadas en el dominio de unos pocos, otras sociedades donde no exista el dinero como instrumento de ese dominio, y menos aún desean que el hombre considere que existen otros hombres -ya sean intra o extraterrestres- con los cuales convenga relacionarse, dejando de obedecer a los gobernantes de pesos y políticos terrestres.
 
 
Tampoco la Tierra puede ser maciza desde el punto de vista más elemental de la física, pues además de que la gravedad sería suficiente como para que fuésemos más chatos que una mantaraya, el hecho de ser incandescente y maciza, habría causado -millones de años atrás- que se partiera, convirtiéndose en un montón de guijarros dispersos.
 
... En aquellos tiempos -hasta hace sólo cinco siglos- se divulgaba una teoría "científicamente aceptada", y algunas más que la contradecían, a fin de quitar los ojos del asunto real. La teoría "oficial" era que la Tierra era una especie de gran meseta cilíndrica que sobresalía del Maremagnum Infinitum (un océano infinito habitado por monstruos gigantescos) de cuyas propiedades y aguas se discutía profusamente. Por algún mescanismo artesiano, el agua surgía del Mediterráneo y se volcaba en los océanos, y de éstos, al maremagnum.
 
 
Entonces, internarse en los océanos era acercarse al abismo del que nadie regresaba. Esta idea machacada por siglos no surtió efecto en algunas pocas personas que se aventuraron a comprobar si aquello era verdad. Temerarios los hubo -hay y habrá- siempre, de modo que no bastaba con la idea mentirosa inculcada, sino que había que excomulgar, asesinar o quemar por brujo a quien hablara de estos asuntos. Si se dejaba hablar de la tierra esférica, los marineros descubrirían muchas tierras y se acabaría el secreto y el monopolio. Los frailes temían que se acabara la Iglesia, si se descubría que había contribuido tan grandemente al engaño, condenando a los científicos que en nada atentaban contra principios teológicos.
 
 
Nada más -y nada menos- atentaban contra los intereses mezquinos. Mientras tanto, la Tierra como una bandeja sostenida por tres elefantes -o por cuatro-, o la Tierra con forma de disco en medio del Universo, con el Infierno en la otra cara (cosa que nadie se anime a acercarse a las orillas), etc., agregaban condimento a la entretenida discusión. Cualquier cosa era considerada oficialmente como posible, excepto la estúpida, infundamentada, absurda y blasfema idea de que fuera esférica y estuviera flotando en el espacio, girando alrededor del sol.
Los poderosos de hace quinientos años decidieron que era el momento de "abrir" América y largarse públicamente a su conquista, porque ya tenían el control financiero de Europa, y por lo tanto el control político, a pesar de que aún existían las monarquías. Pero ya por ese entonces, el dinero mandaba.
 
 
Los banqueros usaron su poder para presionar a la Corona Española, porque ellos mismos no podían financiar a Colón. No porque no tuvieran recursos -todo lo contrario-: 1) No debían exponer públicamente su poder. 2) Necesitaban que un Gobierno cargara oficialmente con la responsabilidad por las tropelías de los enviados, y 3) Que en lo futuro pusiera a su disposición los ejércitos necesarios para la Gran Conquista del "mercado americano". 
 
 
Los sucesores de hoy no pueden largarse abiertamente a la conquista del interior terrestre por varias razones de gran peso. Pero al menos se las han ingeniado muy hábilmente para ocultar esa realidad a la masa mundial, con las mismas estrategias que sus ancestros. A ello han servido millones de imágenes de la tierra maciza, en libros, revistas, diarios, documentales televisivas, etc..
 
 
Es decir que la cuestión pasa por realidades políticas, más que por discusiones científicas. Es difícil que un científico más o menos completo, como un físico con nociones claras de química, astronomía, topografía y geología, se trague el anzuelo de la tierra maciza, pero si lo pone en duda públicamente, la "conspiración del silencio" -denunciada ya en muchas publicaciones- le pone en la calle, ridiculizado y cerradas sus puertas en todas las universidades, observatorios, proyectos, etc.. Pero es peor aún la reacción de la familia que tanto lo quiere, pues igual le considerarán loco.
 
 
Quien haya leído los libros de Héctor Picco (Argentino), Raimond Bernad (Estadounidense), Eduardo Elías (Peruano), -por nombrar a algunos de los más completos referidos al tema-, comprenderán que sobran elementos referenciales (históricos), físicos, químicos, astronómicos, oceanográficos, y geológicos para aceptar la realidad de la Tierra Hueca, mientras que los argumentos supuestamente científicos de la tierra maciza, adolecen de contradicciones que para un joven estudiante de física saltan a la vista.
 
 
Varios diarios y revistas de 1956, se hicieron eco de las palabras del Almirante norteamericano Richad Evelyn Byrd: "E.E.U.U. deberá enfrentar una gran amenaza que se cierne desde los polos".
Este hombre había ingresado en 1947, a una tierra que calculó el doble del territorio de su país, sobrevolándola en un gran cuatrimotor, cuando lo que pretendía era sobrevolar el Polo Norte. No se trataba de ninguna parte de Siberia ni de Canadá. Nueve años más tarde (1956), encabezó el Proyecto "Hig Hump" ("Salto Alto"), que supuestamente consistía en una expedición científica a la Antártida.
 
 
Pero el móvil no era otro que comprobar dos cosas de máxima importancia para el establishment, y especialmente para el gobierno norteamericano: A) Localizar las bases alemanas que se establecieron en los oasis polares desde 1939, y B) Comprobar la forma de los huecos polares. Por la primera cuestión, la "expedición científica", constaba de catorce barcos de guerra, aproximadamente 2.700 soldados y ningún civil. El equipo contaba -para la segunda cuestión- con cinco grandes aviones. 
 
 
Claro que tras la gran cantidad de vidas perdidas (nunca se publicó realmente el total de bajas), el regreso de la expedición fue convertido por la prensa oficial, en una fiesta, en el fin de una "maravillosa excursión" que muchas personas han visto por televisión en la década del '60. Oasis polares con temperaturas casi subtropicales, ríos de aguas tibias, extensos bosques, etc.
 
 
Quienes hemos visto esa hora y media de documental en la Antártida, nos preguntamos: ¿Cómo es que no se organizan expediciones turísticas a tan bellos lugares?, ¿Cómo es que los gobiernos se han apresurado tanto en "proteger ecológicamente" a los polos, desalentando todo intento de exploración y explotación? (incluso hay normas internacionales de aeronavegación que prohíben sobrevolar las regiones polares). Mientras tanto, estos gobiernos no tienen la menor preocupación por proteger ecológicamente el Amazonas o los bosques del resto del mundo, y menos por proteger la vida humana.
 
 
No escatiman esfuerzos para inventar argumentos pseudocientíficos para confundir, o utilizar argumentos menores -fundados o no- para desviar la mirada de las masas hacia todo lo que se pueda cocinar dentro de esta civilización. Uno de esos argumentos, muy escasamente fundado, es el agujero de ozono, que ha existido siempre, acompañando la topografía propia de los polos. Otro elemento de distracción, es el de los extraterrestres, que aunque existen y vienen a visitarnos muy a menudo, los gobiernos usan el asunto para que sólo miremos para arriba o "afuera", y no veamos lo que se oculta abajo, o sea "adentro" de nuestro propio planeta.
 
 
En todo es igual: mientras nos entretenemos con el brillo multicolor de los carteles, la televisión, el Internet, la pornografía, los escándalos del jet-set y el fútbol, ocurre que las realidades importantes -cuyo conocimiento definiría nuestros pensamientos en otra orientación más libre y amplia- quedan en el terreno de lo increíble, lo ridículo o "lo interesante".
 
 
Es que el hombre "promedio" de la superficie externa de la Tierra está extrapolado en todo sentido. No se ve a sí mismo. No ve sus pensamientos y sentimientos a menos que algún desorden económico o emocional lo ponga contra la pared. Allí reacciona, pero ya tan conformado por pasiones edonistas y egoístas, que no piensa más que en sí mismo. Entonces es relativamente fácil para los gobiernos, mantener a la masa entretenida en "competir" para obtener más confort y seguridad económica, lujo, placer y poder sobre otros.
 
 
Imagínese el Lector cuántas ganas pueden tener los habitantes del interior terrestre, o los extraterrestres, de contactarse con nosotros y decir ¡Aquí estamos!. Seguramente tendrán hasta leyes que lo prohíban, así como nosotros tenemos -¡aún entre nosotros!- leyes de inmigración. En este caso las diferencias deben ser tan grandes -o mayores- como las que hay entre los jíbaros amazónicos y el resto de la superficie externa del mundo. Los jíbaros tienen una disposición legal muy terminante:
 
 
Matar a toda persona que ingrese a su territorio sin las insignias y contraseñas que sólo sus amigos conocen. Puede parecernos terrible, pero si esa consigna no se respetara, ya no habría jíbaros en el Amazonas. Estarían como esclavos de tercera en las fábricas de la civilización, y sus mujeres, que siempre han vivido desnudas, estarían semi-vestidas en los burdeles de "nosotros, los civilizados".
 
 
Hasta hace unos doscientos años, era posible acercarse a los jíbaros sin miedo alguno. Cualquier presencia humana extraña era motivo de una gran fiesta. Pero los buscadores de oro y diamante, y los tratantes de mujeres, fueron suficiente motivo para dictar esa consigna que hoy hace impenetrable ciertos lugares. A pesar de no tener tecnología, se defienden. Prefieren morir antes que caer esclavos, pues no es otro el destino que puede darles nuestra sociedad.