El caso poltergeist de Enfield.

25.05.2013 21:28

 

levitacion

 

Una mala temporada…

 

Verano de 1977 en Enfield, barrio periférico del norte de Londres. Anochece y Peggy Harper acuesta a dos de sus cuatro hijos. El clima es templado y  todo parece presagiar otra larga y tranquila noche estival. Pero algo sucederá esa noche, algo que será el comienzo de una larga y terrorífica temporada de sucesos paranormales que, a día de hoy, todavía siguen sin tener explicación.

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La señora Harper es una divorciada de 40 años que vive con sus cuatro hijos en una bonita casa adosada del popular barrio obrero de Enfield. En mitad de la citada noche, los gritos de sus hijas Janet y Pete la despiertan y, alarmada, sube hasta su habitación. Todo está en calma, pero sus hijas, entre sollozos, le dicen que la su cama ha comenzado a agitarse violentamente. Peggy cree que todo ha sido una pesadilla de alguna de las niñas, las tranquiliza hasta que se vuelven a dormir y ella hace lo mismo.

Al día siguiente, las niñas vuelven a gritar y, en esta ocasión, le relatan a su madre como tras unos fuertes ruidos, una silla que hay en un rincón de la habitación ha comenzado a moverse sola. Peggy sigue sin ver nada extraño en la habitación y, para tranquilizar a las niñas, se lleva la silla a su cuarto, pero cuando apaga la luz y se dispone a salir del dormitorio de las niñas ella misma escucha unos fuertes ruidos procedentes del suelo de la habitación. Enciende de nuevo la luz y observa que todo está en orden; las niñas están en su cama y todos los muebles en su sitio. Vuelve a apagar la luz y los ruidos y unos fuertes golpes comienzan de nuevo a sonar… al encender de nuevo la luz contempla asombrada como un enorme baúl que hay contra una pared lateral se ha movido un par palmos… las niñas continúan en su cama y, Peggy, comienza a sospechar que lo ocurrido no es cosa de la imaginación de las niñas. Vuelve a poner el baúl en su sitio y, tan apenas se ha girado, el baúl se vuelve a arrastrar solo hasta la posición anterior. Esta vez con la luz encendida y ante sus narices.

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El miedo se apodera al instante de la señora Harper que sin pensarlo dos veces, saca a sus hijas de la habitación y acude en busca de auxilio a los vecinos de las casa próximas. Un grupo de vecinos registran la casa y el jardín en busca de algún posible intruso que estuviese causando los ruidos que Peggy les ha relatado completamente horrorizada, pero no encuentran a nadie. En cambio, cuando están tranquilizando a Peggy, todos escuchan los golpes que se suceden en cortos intervalos y que provienen del interior de la casa. Acto seguido llaman a la policía que, en un acta de servicio sorprendente, atestiguarían en declaración escrita como una silla se movía inexplicablemente por la casa y como se escuchaban los golpes de procedencia desconocida.

Durante los siguientes días los sucesos continúan. Muebles que se mueven, juguetes que vuelan solos por la habitación de los niños…

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Estado de los muebles tras haberse movido

 

Los sucesos llegan a la prensa y el diario Daily Mirror envía a un equipo de experimentados reporteros para investigar el caso. Allí, el equipo del diario pudo contemplar los sucesos inexplicables. Una pieza de lego salió disparada y golpeó en la frente del fotógrafo Graham Morris cuando intentaba tomar una instantánea. El reportero George Fallows, viendo que la cosa no era una broma, puso en contacto a Peggy con Maurice Grosse, miembro de la SPR (sociedad para la investigación Psíquica).

Tras una semana sufriendo todo tipo de poltergeist inexplicables, el 5 de septiembre llega a la casa Grosse y los sucesos se pausan durante los siguientes tres días hasta que, al comenzar la noche del día 8 se reanudan los raaps y los golpes procedentes de la habitación de Janet. El investigador junto a los periodistas subieron las escaleras y al abrir la puerta de la habitación se encontraron a Janet dormida en su cama y, a su lado, una silla levitando en el aire a más de medio metro de altura. Al instante la silla bajó hasta su lugar y no se volvió a mover hasta una hora más tarde, cuando se volvió a repetir el mismo capítulo. Esta vez el fotógrafo Morris capturó el acontecimiento con su cámara. En ese mismo momento, Grosse y sus acompañantes pudieron ver como las puertas de los armarios se abrieron solas y como un juguete cruzó la estancia de un lado a otro suspendido en el aire. Grosse también notó una brisa fría recorriendo todo su cuerpo.