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Los Llantos de la Casa Cuna de Cádiz

19.02.2014 21:20

 

Los Llantos de la Casa Cuna de Cádiz

 
Cuando ocurre una tragedia, deja una marca invisible que se manifiesta en determinadas ocasiones. Como varios testigos lo afirman en la tragedia de los Alfaques. En el artículo de hoy hablaremos de la casa cuna de Cádiz, tragedia que se cobró muchas vidas. Lo que vino después, el creer o no, ya es una cuestión personal.
A las diez menos cinco de la noche del 18 de agosto de 1947, una tremenda explosión se produce en las inmediaciones de los Astilleros Echevarrieta Larraiga, de Cádiz, una de las empresas más importantes de las construcciones navales, y que daba empleo a la mayor parte de la población andaluza.
En esas fechas, Cádiz era una ciudad que se sobreponía a duras penas de los vestigios dejados por la guerra civil, y que se encontraba inmersa en las penalidades y durezas de la posguerra.
 
Cádiz – fotografía de Cádiz Fotos blog
 
La intensidad de la explosión fue de tal magnitud, que se escuchó en varias capitales andaluzas, según los periódicos de la época. Y también según los mismos, las causas fueron debidas a la intensa ola de calor que padecía la ciudad, provocando,las altas temperaturas la explosión de las cargas de profundidad de los submarinos.
 
Diario “La Vanguardia”- 19/08/1947
 
La intensa detonación dió de lleno en los Astilleros, el barrio de San Severiano, la Escuela de Torpedistas y la Casa Cuna.
 
 
Diario “La Vanguardia” – 20/08/1947
 
Las víctimas yacían entre el fuego y los escombros, pereciendo miles de ellas, la mayoría, en los lugares apuntados anteriormente, aunque contrariamente, la versión oficial comunicaba que eran poco más de un centenar.
Según documentos antiguos, la Casa Cuna o Casa de Expósitos se fundó como hospicio de la ciudad en el año 1621.
Desde esa fecha allí eran depósitados en los torno por sus madres, los niños recién nacidos a los que renunciaban, bien por ser hijos ilégitimos y según la sociedad de la época, hijos de la vergüenza, o bien por estar las madres imposibilitadas económicamente para mantenerlos. Eran los llamados Niños del Hospicio, criados, cuidados y educados por monjas de la caridad ayudadas por enfermeras, amas de leche y cuidadoras.
 
La explosión destruyó por complento la Casa Cuna, que a esas horas se encontraba repleta de niños recién acostados, vigilados por las monjitas y por las cuidadores.
 
Estado en que quedó la Casa Cuna
La mayoría de los niños encontró la muerte bajo los escombros ese fatídico 18 de Agosto de 1947. Perecieron diecinueve muchachos, nueve niñas, doce sirvientas y cinco monjas. Muchos de los cadáveres de niños rescatados no consiguieron ser identificados debido a que sus cuerpos se encontraban aplastados, mutilados e irreconocibles, y fueron enterrados anónimamente en fosas comunes.
Otros nunca llegaron a ser encontrados y se los dió definitivamente por desaparecidos.
 
Diario “La Vanguardia” – 27/08/1947
 
Posteriormente se procedió a la total demolición de los restos del edificio y en su lugar se construyó la Institución Generalísimo Franco, que años después paso a llamarse Institución Provincial Gaditana.
 
 
Diario “La Vanguardia” – 30/08/1947
 
Se trataba de un colegio estrictamente femenino y dirigido por religiosas, el cual agogía a alumnas internas y externas. Las alumnas internas pernoctaban en el colegio, y según contaban, los dormitorios estaban ubicados en la zona en la que en su día estuvieron los dormitorios de la Casa Cuna.
 
 
Dormitorio de una casa cuna
 
 
Ya por enconces las alumnas internas comenzaron a percibir cosas extrañas, sobre todo en las madrugadas, tales como escuchar el llanto de bebés, risas y carreras de niños, presencias extrañas e incluso sombras en las ventanas.
Las monjas llegaron a ponerse realmente nerviosas ante tales acontecimientos, y prohibieron rotundamente los comentarios sobre estos temas, pero aún así las alumnas cuchicheaban y se contaban las experiencias vividas, aun que la mayoría de las veces no les era necesario hablar: la presencia de algo extraño flotaba en el ambiente.
También las alumnas también presenciaron un trágico suceso. En una ocasión, una de ellas salió del comedor tras el almuerzo y se fue directamente a su habitación. Allí, e incomprensiblemente, se precipitó por la ventana. Afortunadamente no sufrió daños mayores, y al ser reprendida ante tal acto, afirmaba rotundamente que fue empujada al vacío, aunque desconocía por qué o por quién.
Las estudiantes eran testigos de puertas que se cerraban solas, fuertes golpes de desconocida procedencia y campanas que sonaban sin que nadie las hiciera sonar. Incluso alguna afirmó ver el espectro de una monja vestida a la antigua usanza en el patio del colegio.
Posteriormente, a principios de la década de los 90, el edificio pasó a ser la sede de Radio Onda Litoral, y los operarios de este medio de comunicación comenzaron a ser testigos de los mismos hechos insólitos. En una ocasión visualizaron, a través del cristal del estudio de grabación, a varios niños ataviados con vestiduras de varias décadas atrás, correr por el pasillo. Extrañados por la presencia de los mismos, salieron del estudio de grabación y encontraron el pasillo completamente vacío. El mismo resultado obtuvieron tras hacer una inspección por todo el edificio.
Hoy día se ubica allí una oficina del INEM, y el mutismo es el denomidador común en el personal del mismo.
No obstante, si se le pregunta a los gaditanos sobre los fenómenos inexplicables en la ciudad, todos hacen referencia a la antigua Casa Cuna.
Según ellos, los niños trágicamente desaparecidos siguen deambulando por el lugar con sus llantos y lamentos, sin encontrar el consuelo ni el descanso que necesitan, aún a pesar de que las mojas que perecieron con ellos, estén donde estén los siguen cuidando.
 
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